Kirchner mudo ante segunda audacia de Telerman en 48 horas
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Jorge Telerman ayer en un anuncio de obras junto a Néstor Kirchner tras decir
que enfrentará al kirchnerismo en la Capital Federal electoralmente y pelearse
con organizaciones de derechos humanos por desplazar a una funcionaria.
El Presidente aún no dice nada sobre estos gestos del jefe de Gobierno.
Verbitsky -que además funciona como asesor del gobierno nacional, que lo consulta sobre designaciones de funcionarios y otras cuestiones más delicadas como perfiles de inteligencia para tomar algunas decisiones o revisar proyectos de códigos militares y reglamentaciones-tomó la defensa de Cerruti en la querella con Carlotto por el uso de fondos cuya presunta malversación recordó ayer la dirigente de Abuelas.
Carlotto reveló además ayer que cuando asumió Telerman el Gobierno porteño había tenido una entrevista con él, a quien le había advertido de la inconveniencia de designar a Cerruti en el cargo. «Si la nombrás -evocó ayer-, olvidate.» ¿De qué debía olvidarse Telerman? Del apoyo de las organizaciones de derechos humanos que ayer se sentaron junto a ella para criticar el desplazamiento de Alegre. Esta dijo que su despido es una maniobra que sólo se entiende como incidencia de la pelea de Telerman con Ibarra. «Me mantuve en el cargo --dijoporque me pidieron las organizaciones para seguir con las políticas del sector.» Lo ratificó Carlotto al decir que Ibarra fue «un jefe mal destituido».
Carlotto y Alegre dijeron que desde que asumió Cerruti se congelaron los fondos y las licitaciones para la instalación del Museo de la Memoria en la ESMA y otros emprendimientos de la secretaría. Ya hay, dijeron, un reclamo formal de los organismos radicado en la oficina de Telerman quejándose de eso y de que además el jefe de Gobierno no los recibe para entrevistas pedidas desde hace tiempo.
La pelea Telerman-Ibarra anima la política porteña desde hace una semana, cuando el Gobierno porteño denunció que operadores del destituido jefe de Gobierno habrían instigado la ocupación de viviendas en el Bajo Flores. Cerruti estuvo también en medio de esta pelea así como Juan Pablo Schiavi, uno de los miembros conspicuos de lo que el ibarrismo llama «grupo Destitución», que actuaron activamente desde el peronismo porteño para lograr su caída del cargo (lo integran Schiavi, Eduardo Valdés -oculto hoy en esta crisis-, Helio Rebot, Jorge Argüello y, claro, Telerman).
Ibarra está en la misma línea de fuego de las fobias de Verbitsky desde que éste lo acusó de autorizar obras en el predio de la Sociedad Rural en Palermo.
Cuando se discutió el juicio político por Cromañón, ese periodista recogió como ciertas las acusaciones hacia el ex jefe de Gobierno como presunto líder de una trama de corrupción entre dueños de boliches e inspectores municipales, algo que la Justicia no ha logrado demostrar aún. Que el ariete para desplazarla a Alegre haya sido el sector de padres de las víctimas de Cromañón ligado al «grupo Destitución» cierra el círculo de alianzas que muestran los dientes en la primera guerra política que libra Telerman desde que está en el cargo.
Néstor Kirchner es testigo mudo de estas audacias de Telerman. Se sabe que las puertas de su despacho no tienen cerrojos para Hebe de Bonafini, otra adversaria jurada de Carlotto, quien la acusa de haber convertido a la ONG Madres de Plaza de Mayo en una empresa comercial. Bonafini tiene posición tomada: fue una de las primeras huéspedes que recibió Telerman a poco de asumir como jefe de Gobierno porteño. No se sabe, claro, cuánto tiempo tolerará el Presidente esta campaña en la cual este otro visitante de la Casa de Gobierno que es Telerman enfrenta a un personaje como Carlotto, con quien Kirchner lo último que querría sería pelearse.




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