16 de julio 2004 - 00:00

Kirchner no sólo escucha a Lavagna

Néstor Kirchner.
Néstor Kirchner.
Con una discreción digna del mejor elogio, casi como secreto de Estado, en una oficina del finisecular edificio del Correo que tardó 40 años en construirse, opera una usina económica que provee de información, planes e ideas a Néstor Kircher. El dato interesa porque hasta ahora -y sin demasiada crítica-se admitía que el Presidente observaba los temas del sector según la visión exclusiva de su ministro de Economía, Roberto Lavagna, en menor medida con el material que le suministra el Banco Central, alguna opinión de cierto banquero amigo y su propia impronta como administrador provincial. Ahora, está claro, recibe otro tipo de alimentación.

Todos los viernes, desde hace varios meses, en esos despachos rescatados en los '90, los dadores de sangre económica se reúnen bajo la tutela de Guillermo Moreno, secretario de Comunicaciones y alter ego de Julio De Vido. Grupo con ideas diferentes y trayectorias aún más distintivas: consultores independientes como Orlando Ferreres y Tito Carrera, funcionarios como Martín Redrado, de la Cancillería (no asiduo y lo suplanta Carlos Pérez de la Fundación Capital), y Felisa Miceli del Banco Nación (de concurrencia salteada), algún visitante del fenecido Conade, también el asesor de Obras Públicas Eduardo Curia y un subsecretario del área de origen santacruceño.

• Cóctel ideal

Para la botica de campo este conjunto: librempresistas, rigurosos base cero, keynesianos, econometristas hijos de Warthon, algún lector de Mandel, otro de Von Hayek, en suma un cóctel químico ideal para el capitalismo propio que supone instalar el sureño.

Además de vocaciones y aspiraciones, lo sigiloso de las reuniones y el nivel de algunos animadores del grupo provocan sospechas obvias en cualquier desprevenido, capaz de imaginar un equipo alternativo al de Economía u otras zonas afines. Pero esas suspicacias parecen vanas: Roberto Lavagna no ignora nada de lo que allí se trama y concibe, ya que la Miceli mantiene el teléfono directo con el ministro (trabajó en su consultora Ecolatina y, antes del Nación, era enlace entre Hacienda y el BCRA impuesta justamente por él).

Todos los trabajos son canalizados por Moreno como si fuera una caja fuerte y, de vez en vez, el propio De Vido se los acerca al Presidente, quien -de acuerdo a los trascendidos-«les presta mucha atención». La frase, claro, no pertenece al periodista. Inclusive, se afirma, algunos de esos papers habrían servido para corregir o profundizar medidas, aunque es difícil saberlo porque el contenido de los textos no se ha divulgado. Está claro que ni los funcionarios se frecuentan con el mandatario (otros del grupo ni lo conocen) aunque sí, cada tanto, en forma individual se encuentran en tertulias con De Vido. Hay un compromiso o juramento entre ellos: no revelar lo que sugieren, analizan y suscriben, aunque se conoce que cada viernes hay un relator designado para cada tema y los participantes -que no percibe remuneraciónha emitido opinión sobre la deuda externa, el límite del financiamiento para los fideicomisos, la creación de ENARSA,la situación con Brasil, la crisis de energía, el nivel del tipo de cambio y las dificultades del Mercosur. Como se advertirá, una usina de opinión continuada.

La curiosidad de este banco de propuestas es la forma en que promueven conclusiones comunes, ya que son opuestas -y marcadamente-las líneas de pensamiento de los integrantes. Inclusive, algunos encuentros han sido ríspidos y complicados. Es de imaginar la diplomacia de Redrado para navegar en ese núcleo o las molestias que puede provocar Pérez con algunas preguntas insolentes sobre la estatización en energía. O, tal vez, ya que son públicas sus opiniones, las divergencias sobre el tipo de cambio, con Curia a favor de no perder la actual paridad (ya la considera retrasada) y Ferreres anunciando que el peso se apreciará inevitablemente. A pesar de todo, el equipo funciona casi familiarmente, no emerge, guarda sigilo, coincide y se pronuncia, hasta se distrae para atender detalles de Miceli sobre los actos que todas las semanas organiza su marido, en el justicialismo de la Capital, para alegría del ministro De Vido. Aunque no todos formen parte del mismo proyecto político.

Matices, anécdotas, informes bien guardados de un plantel cuyo futuro se ignora, aunque su existencia advierte que Kirchner no dispone de una sola oreja en el área económica o de finanzas. Lo que revela una preocupación y un signo razonable a la hora de conducir el Estado, aunque ese ejercicio (más allá de su utilidad cierta) irrite el celo de los que juegan en primera y, quizás, entusiasme a los que sueñan con ingresar a esa categoría.

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