Néstor Kirchner dio precisas instrucciones para transmitir el malestar del gobierno argentino a la ministra de Comercio Exterior de Finlandia, Paula Lehtomaki, que en representación de la presidenta de ese país, Tarja Halonen, tiene previsto visitar Buenos Aires la semana próxima.
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El Presidente ordenó que Lehtomaki sea recibida con el mínimo de protocolo por el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana, pero que ni gobernadores ni legisladores y, en lo posible, tampoco empresarios se citen con la finlandesa. Se sobreentiende: no se verá con Kirchner.
El mensaje es lineal. El gobierno pretende expresar su enojo con la administración Halonen -que suspendió su gira latinoamericana- por la actitud de la empresa Botnia, de capitales finés, en el conflicto bilateral por las papeleras de Fray Bentos entre la Argentina y el Uruguay.
«Si son en parte responsables de la crisis de las pasteras con Uruguay, no podemos tener un doble discurso: criticarlos por lo que hacen en Fray Bentos, pero por otro lado recibirlos como si no pasara nada», confió ayer ante este diario un funcionario oficial.
Formalidad
De acuerdo con esa perspectiva, ni el gobierno argentino ni los empresarios locales deberían sentarse a discutir eventuales negocios con la comitiva finlandesa. Por eso, sólo «para cumplir», a la ministra Lehtomaki la recibirá, por pura formalidad, el canciller Taiana.
La visita, que estaba programada desde hace tiempo, antes de que estallara la controversia del río Uruguay, tendrá una etapa uruguaya donde, todo indica, el trato a la ministra será distinto. En definitiva, será en ese país donde Botnia invertirá cerca de 1.000 millones de dólares. La agenda prevé que Lehtomaki arribe a Buenos Aires el martes 25 y el miércoles encabece un foro con empresarios de la Argentina y el Uruguay, país éste al que viajará esa misma tarde, como paso previo para completar luego la gira regional en Chile el 27 y en Perú el 28. Deben, sin embargo, repasarse varios datos:
El gobierno argentino, en este caso en coincidencia con la administración de Tabaré Vázquez, culpa a Botnia de que se hayan interrumpido las negociaciones entre ambos países que se encarrilaban hacia la realización de la cumbre de Anchorena, finalmente suspendida luego de que Botnia, que había anunciado la suspensión de las obras por 90 días, dijo que sólo lo haría por 10 días: no casualmente, los que coinciden con la Semana de Turismo que terminó el domingo en el Uruguay. Hoy, de hecho, está previsto que se reanuden las obras civiles de la planta de la compañía finlandesa.
El gobierno argentino, pero sobre todo el uruguayo a través de su embajador en Buenos Aires, Francisco Bustillo, intentó que el gobierno finlandés interceda ante Botnia para que ésta frene las obras. Como Finlandia no tiene representación en el Uruguay, esas gestiones se hicieron a través de la embajada en Buenos Aires, a cargo de Ritva Jolkkonen. Esa negociación, que no dio resultado, fue confirmada por la primera secretaria de la embajada, Petra Theman.
Para el gobierno de Halonen, el negocio de Botnia en el Uruguay no es un hecho menor: es una inversión de 1.000 millones de dólares, lo que representa una de las mayores iniciativas de capitales finlandeses en el exterior y puntualmente la primera de Botnia fuera de Finlandia. Por la dimensión de la iniciativa fue que Finlandia negoció el «Acuerdo sobre promoción y protección de inversiones» con el Uruguay, convenio que condiciona -al punto de habilitar acciones contra el Estado- al gobierno de Tabaré Vázquez.
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