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El encargado de reclamar esos recursos a los secretarios, directores y demás oficiales políticos de la Nación es Carlos Kunkel, quien hasta hace pocas semanas aparecía como la principal espada de Kirchner para castigar a Duhalde. Kunkel, quien ganó fama al identificarse como «el jefe del Presidente» (ejercía esa jerarquía en La Plata allá por los '70, donde ambos estudiaron simultáneamente), envió una carta a todos los peldaños superiores del Estado recordando que la Ley 13.062 de la provincia creó una «comisión para la construcción del Mausoleo Juan Domingo Perón y Eva Duarte». En el párrafo siguiente Kunkel habla de «la voluntad expresada por numerosos funcionarios del Poder Ejecutivo de realizar donaciones para contribuir a solventar los gastos del citado monumento» y comunica que se estableció «un sistema de descuento por parte de los organismos liquidadores». En anexo, se les ofrece a los destinatarios de la nota un formulario para dirigirse al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, autorizando a «que se deduzcan de mis haberes, en concepto de donación, la suma total de $ 1.000 (pesos mil), los cuales serán abonados en cinco cuotas iguales y consecutivas de $ 200 (pesos doscientos) cada una».
El segundo aspecto que llama la atención en la circular del subsecretario general de la Presidencia es que obliga a una pregunta: ¿con qué fondos se están solventando las obras que ya se realizaron, desde la maqueta? La ley que origina la comisión habla de que los trabajos serán financiados por suscripción pública. Y que esos fondos serán administrados por la comisión encargada de hacer el mausoleo, que está presidida por el propio Duhalde e integrada, entre otros, por «inmortales» como Antonio Cafiero, Lorenzo Pepe, etc. Si los funcionarios de la Nación donarán parte de su sueldo, ¿de dónde ingresó el dinero que ya se aplicó para el emprendimiento? Cualquiera tiene derecho a esa pregunta, que dispara la carta de Kunkel. Hasta ahora el que llevó la obra adelante, en la práctica, fue Antonio Arcuri, presidente del Senado bonaerense y ex titular del Fondo de Reparación Histórica del Conurbano, por lo cual se lo supone experto en obra pública (además de ser el esposo de Brígida Malacrida, la intendenta de San Vicente, la localidad donde está situada la quinta que sirve de sede al mausoleo). Arcuri es, precisamente, uno de los que debe negociar con las hermanas Duarte que permitan sacar el cadáver de Evita desde la Recoleta para que sea llevado a pulso por el conurbano y depositado, junto al de su marido, en la quinta que perteneció al matrimonio en esa localidad del sur del Gran Buenos Aires. Hasta ahora los peronistas de Duhalde no tuvieron éxito en la negociación con las Duarte.
Queda una tercera dimensión que tiene que ver con la relación entre Kirchner y Duhalde. Hay que recordar que la instalación de este monumento a los Perón fue una iniciativa destinada a poner ácidosobre la transversalidad impulsada por la Casa Rosada, entre otros por Kunkel. El Presidente lo entendió así y tuvo algunas expresiones peyorativas hacia el afán del duhaldismo, que calificó de «nostálgico». Ahora, por la vía del mismo Kunkel, Kirchner estaría dispuesto a poner plata en el homenaje (¿habrá mandado ya la carta pidiendo que le descuenten?), lo que cierra la herida abierta en mayo del año pasado. Aunque siempre queda una hendija de ambigüedad o escepticismo que es imposible de cerrar. En este caso, la carta de Kunkel obliga a una pregunta más: ¿por qué esta misiva de reconocimiento indirecto a la iniciativa de Duhalde fue fechada el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes?
Interrogar sobre quiénes serían los inocentes en toda esta operación obligaría a escribir otra nota.
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