16 de julio 2004 - 00:00

Kirchner recibe a CGT única pero no aísla a De Gennaro

Hugo Moyano, integrante del triunvirato que asumió ayer en la CGT unificada, dialoga con Gerónimo Venegas (UATRE) y con el secretario general saliente, Rodolfo Daer.
Hugo Moyano, integrante del triunvirato que asumió ayer en la CGT unificada, dialoga con Gerónimo Venegas (UATRE) y con el secretario general saliente, Rodolfo Daer.
Néstor Kirchner buscó el punto de equilibrio para aplaudir la unidad de la CGT sin desairar al núcleo gremial que más le simpatiza, la CTA de Víctor De Gennaro. Y, en principio, lo encontró: por teléfono saludó al triunvirato cegetista pero, en paralelo, cenó con De Gennaro.

En pocas horas, entre el atardecer del miércoles y la mañana del jueves, el Presidente repartió gentilezas entre los jefes sindicales. Pero fue el capitán de la CTA quien facturó mejor: Kirchner le abrió la Casa Rosada y se prestó, antenoche, para una larga charla «política».

Al estado mayor de la CGT, en cambio, les agendó una visita para el martes. Antes, la mesa unificada, debatirá un tema espinoso: a propuesta de Oscar Lescano, de Luz y Fuerza, tendrán que discutir la convocatoria a «un paro de 12 o 24 horas».

Con una sola frase, Lescano agitó la frágil unidad y alteró la agenda de la cita con el Presidente que -apenas electos Hugo Moyano, Susana Rueda y José Luis Lingeri-, Rodolfo Daer salió a pedir a los gritos, quizá con la íntima convicción de abortar la sentada.

«Ahora que estamos unidos, el Presidente ya no tiene más excusas para no recibirnos»
bravuconeó, por radio, Daer, recordando que tuvo que remar seis meses antes de que, en diciembre pasado, Kirchner lo anotara como invitado al despacho presidencial.

Ayer, estrenando vocería, el colectivero Juan Manuel Palacios salió a promocionar el encuentro. Anoche, le confirmó a este diario que la reunión se realizará el martes a las 10 de la mañana y participará el consejo directivo de la CGT en pleno.

Vuelve así Moyano a la Casa Rosada. Meses atrás, el camionero -siempre acompañado por Palacios- tuvo casi la misma facilidad que el piquetero oficial Luis D'Elía para obtener audiencias privadas con el Presidente. Pero con el tiempo eso cambió: quizá porque el piquetero de La Matanza, cuyos seguidores se trenzaron con camioneros en Parque Norte el día del lanzamiento del kirchnerismo, susurra maldiciones contra Moyano al oído de Kirchner. No en vano, el ex disidente, apareció por San Vicente, al homenaje duhaldista por la muerte de Perón.

• Libreto

Hubo, como anticipo, mensajes desde la CGT única. «No haremos colaboracionismo», dijo ayer por la mañana Moyano pero, punto y seguido, calcó el libreto oficial sobre el «agotamiento» de las protestas piqueteras. La noche anterior, había cruzado elogios por teléfono con Kirchner.

Susana Rueda
, la dama de Santa Fe que aterrizó en la cúpula, fue menos dulce.

Festejó algunas «actitudes» de Kirchner respecto de la política exterior y de la negociación de la deuda externa pero planteó que queda «mucho por discutir» sobre «distribución de la riqueza».


Ese mismo título deslizó De Gennaro en la charla con Kirchner, la noche del miércoles, cuestión con la que machaca la CTA sin lograr, más allá de la cumbre bilateral entre su jefe y el presidente, que le agenden un encuentro oficial.

Hace dos meses dejaron un pedido de audiencia en la Casa Rosada y, como no tuvieron respuesta, el lunes volvieron a faxear otro pedido. Cruje, por momentos, la CTA porque ni De Gennaro, ni D'Elía ni
Edgardo Depetri, representan a todas las voces que se escuchan en esa mesa sindical.

De todos modos, la CTA obligó a Moyano a incluir un tema sensible en la agenda: el pedido de aumento del salario mínimo, que el gobierno dice que planea para setiembre, luego de la revisión de metas del FMI.

Ayer, el camionero consideró «ineludible» que se convoque al Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil. En ese punto, el
«amontonamiento de dirigentes» que Lingeri negó sea la CGT, aparece con una postura unificada, fenómeno que no se repite con otros temas, por caso piqueteros.

«Todos los dirigentes sindicales sin excepción están convencidos de que la única forma de tener fuerza para resolver los problemas de los trabajadores, es justamente con la unidad»,
aportó

Moyano. Es probable, que esa sea la frase que más inquiete al Kirchner.

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