Kirchner se abrazó a D'Elía para embestir contra Bush
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Sintiéndose local, por el buen vínculo que lo une a Balestrini, Felipe Solá se plegó al cotilleo para interpretar que las declaraciones de los funcionarios estadounidenses fueron producto de que les «preocupa» el alto «índice de popularidad de Kirchner».
En el mitin hubo otro personaje sintomático: Luis D'Elía, líder de la FTV y frenético defensor oficial. D'Elía -con quien Balestrini mantiene una vidriosa malquerencia- fue el gestor del acercamiento entre Kirchner y al cocalero boliviano Evo Morales.
En noviembre pasado, en la cumbre de presidentes en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, D'Elía esperó dos horas a Kirchner en el lobby del hotel para presentarle a Morales y pactó un encuentro que desató una crisis diplomática con Carlos Meza, el recién asumido presidente boliviano.
Justamente, la sintonía con el boliviano Evo fue uno de los varios reproches que descerrajó Noriega al cuestionar el «giro a la izquierda» del gobierno argentino, dichos que motivaron la estruendosa reacción de Kirchner ayer en pleno corazón de La Matanza.
Al desfile se sumó, además, otro piquetero jefe: Juan Carlos Alderete, mandamás de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), que hace pocos días retomó la senda de entendimiento con Kirchner luego de algunos días de extrema dureza contra la Casa Rosada.
Toda una señal: con ese elenco -Balestrini, D'Elía, Alderete y Solá- como compañía sobre el escenario y una audiencia saturada de beneficiarios del Plan Jefes, Kirchner volvió a criticar al FMI y se dedicó a forcejear con los delegados de Bush.
«Si crecemos más, lo que vamos a pagar más es la deuda interna y no la externa, y ése es el compromiso que nosotros tenemos con la gente», dijo Kirchner que, sin embargo, arrancó el aplauso más fuerte cuando prometió trabajar para que «el agua llegue a ustedes».
Hay un dato que explica por qué esa frase generó más pasión en la multitud que los dichos de Kirchner sobre su relación con Estados Unidos: más de la mitad del 1,5 millón y medio de habitantes que viven en La Matanza no tiene agua potable.
Balero
No sólo -como es un clásico- Néstor Kirchner se lanzó ayer a caminar entre la gente para repartir saludos y besos sino que, en un alto de esa caminata, se detuvo a jugar al balero con un grupo de vecinos. Su performance no fue registrada aunque sí la del ministro de Planificación, Julio De Vido, que «embocó» en el primer intento, fortuna que no acompañó a su par de Interior, Aníbal Fernández. Kirchner, de todos modos, se llevó un obsequio: un trompo de madera que le regalaron seguidores del piquetero Luis D'Elía.



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