Kirchner siguió desde el balcón una Plaza con aire opositor
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Bajo la consigna ‘‘Por justicia, por las víctimas, por la vida’’, la masiva convocatoria de
Blumberg se convirtió, aun a pesar del ingeniero, en una tribuna opositora.
El Presidente trató de ignorar la marcha con un acto junto a radicales K. Fracasó. Igual permaneció en la Casa Rosada hasta las 22, mientras la Plaza estallaba en quejas y reproches en su contra. Ordenó, eso sí, que nadie atienda ni reciba a Blumberg.
También Aníbal y Alberto Fernández recibieron el castigo público -más allá de que pidió que no silben-. Con sólo atenderle el teléfono, algo que no hicieron los dos Fernández, Daniel Scioli se salvó del repudio. Jorge Telerman pasó inadvertido.
Blumberg reservó un anexo especial para Felipe Solá. Al gobernador, que alienta la aventura de un tercer mandato en 2007, por lo que quizá podría convertirse en su rival electoral el año próximo, le imputó justamente sólo «preocuparse por su reelección».
Pudo, incluso, el ingeniero prescindir de políticos clásicos.No tuvo que mostrar a Mauricio Macri o Ricardo López Murphy en el palco para sumar un solo adherente.
Kirchner hizo lo demás: el arsenal que el gobierno destinó a suspender, embarrar y vaciar la convocatoria, detonó negativamente. El cóctel D'Elía, contramarcha, lluvia de pestes contra Blumberg, terminó siendo el condimento más efectivo para potenciar la movilización.
De ese modo, Kirchner contribuyó a vestir la movilización de Blumberg en un polo disidente y crítico, que llevó al extremo el rabino Sergio Bergman. Ese fue uno de los propósitos que persiguió Luis D'Elía, en teoría con mandato de Kirchner: segmentar la marcha.
¿Fue un error inmenso o una maniobra magistral? Al dividir la calle entre un tumulto oficial en el Obelisco -que ni siquiera reunió a los diferentes clanes del kirchnerismoy el acto de Blumberg, Kirchner arrastró la pulseada al peligroso terreno de la fractura ideológica.




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