5 de febrero 2004 - 00:00

Kirchner también dio de baja a Bolivia de agenda de viajes

Néstor Kirchner acató las recomendaciones finales de Estados Unidos en la cumbre de Monterrey -no alentar a Hugo Chávez en Venezuela, a Evo Morales en Bolivia y menos inmiscuirse en el diferendo por la salida al mar que reclamó el presidente Carlos Mesa ante los miembros de la OEA a su par trasandino Ricardo Lagos-. Ayer, en un cable reservado, el embajador argentino Horacio Macedo, ex legislador de la provincia de Jujuy, hombre del gobernador Eduardo Fellner, recibió instrucciones acerca de la cancelación de la visita que haría Kirchner a Mesa en marzo y la postergación para una fecha cercana a los primeros días de abril. El edificio diplomático de la calle Aspiazu, en la capital de Bolivia, uno más de los clásicos coloniales remozados de la cuadra, fue testigo del alivio que sintió el funcionario, pues el clima que se respira en La Paz es de un enrarecimiento político que en cualquier instante puede escalar a niveles de cuidado.

La comunicación del Palacio San Martín menciona a La Quiaca como probable punto de encuentro de los dos presidentes, aunque hoy por hoy la inestabilidad de Carlos Mesa no permite aventurar que se cumpla con la agenda reseñada. Es un secreto a voces que circula en los cafés políticos paceños cercanos a la plaza Murillo que en el encuentro entre Mesa y Kirchner sólo se trataría la posición de la Argentina ante la ofensiva diplomática boliviana preparada por el canciller Ignacio Siles para la reunión de junio de la OEA.

La elección de ese foro regional tiene un significado de peso, allí se produjo la Resolución de 1979 que convirtió la solución para la disputa luego de la guerra del Pacífico, en causa de América (multilateral), con la única oposición de Chile.

Desde que el reclamo de la salida al mar fuera expuesto por el presidente boliviano Carlos Mesa en la cumbre de Monterrey, la estrategia de Chile fue encapsular la disputa en una discusión bilateral. Tanto Mesa como Lagos saben que el punto de apoyo de la palanca diplomática que movería la carga del entuerto por el mar a favor de uno u otro bando es precisamente la definición de si se está ante un asunto de injerencia colectiva o solamente bilateral.

• Brasa

Rafael Bielsa tiene en sus manos una brasa candente, como Kirchner debe cuidar sus relaciones con el líder cocalero Evo Morales, hoy ya en pleno juego político institucionalizado, quien empuja el nacionalismo con la reivindicación marítima, pero no puede permitir que la línea diplomática exceda el discurso enemistándose con Soledad Alvear, la canciller trasandina con chance de convertirse en «la candidata» sucesora de Lagos.

Sin hablar de salida al mar, tanto
Kirchner como Bielsa ofrecieron ayuda a Bolivia comprándole más gas. La especie volvió a correr como reguero de pólvora ayer en el búnker parlamentario de Morales, y en gabinetes de Gonzalo Arredondo, ministro de Defensa boliviano, ambos en vigilia por el tratamiento de la ley de hidrocarburos.

• Antártida

Coincidieron en una conclusión -eso sí de difícil probanza-y es que ese aumento en la adquisición de gas anunciado por la Argentina irá a parar al sistema energético de Chile. Otro elemento delicado del conflicto por el mar bajo análisis en el Ministerio de Defensa boliviano que rozaría las oficinas de José Pampuro es un decreto a la firma del presidente Mesa por el cual se crea la Comisión Boliviana de Asuntos Antárticos.

El proyecto implica lograr consenso ante la comunidad internacional (de los países antárticos) y conseguir que Bolivia sea parte adherente del Tratado Antártico.
La Cancillería boliviana ha instruido a su embajador en la Argentina para que reúna antecedentes sobre la creación de un campamento científico permanente en la Antártida para poder dar fuerza a los reclamos marítimos.

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