3 de julio 2001 - 00:00

La Alianza perdió ya 20 diputados desde que asumió

La Alianza perdió ya 20 diputados desde que asumió
La Alianza del Congreso no puede contener su disolución, en lo que parece un mal presagio para la renovación legislativa de octubre. La debacle oficialista se puede traducir en números contundentes. De 124 aliancistas que asumieron el 10 de diciembre del '99, hoy sólo quedan 104.

De los 20 legisladores perdidos, 14 militaban en el Frepaso y 6 en la UCR. A principios de la gestión delarruista tenían al alcance de la mano el quórum con ayuda de los amigos. En la actualidad, dependen del PJ para poder sesionar porque los 10 cavallistas -que ahora son gobierno-y los 14 provinciales del interbloque Federal no son suficientes para alcanzar los 129 indispensables a la hora de sesionar.

En los últimos días, el panorama se puso más tenso. La bonaerense Silvia Vázquez anunció su salida del bloque radical, con la intención de formar una bancada propia y declamar por la ética y la transparencia, un discurso muy propicio en plena temporada preelectoral.

El flamante vocero del gobierno, Juan Pablo Baylac, ahondó, involuntariamente, esa tendencia descendente en la Cámara baja. Cuando asumió, pidió licencia hasta el 12 de julio -que piensa renovar por 60 días-, consciente de la provisoriedad de los cargos en el gabinete nacional y de que no estaba violando ningún reglamento. El bahiense habrá recordado, asimismo, que mantiene una causa en Tribunales promovida por el peronista Alberto Lestelle, y no está de más una reserva de fueros parlamentarios, en caso de incendio judicial, sobre todo si el mandato tiene fecha de vencimiento recién en 2003.

José Recio, ahora conchabado en el área de Transportes del Ministerio de Obras Públicas, plagió a su comprovinciano Baylac y pidió licencia, a diferencia de lo que habían hecho otros diputados que continuaron su carrera laboral en el Ejecutivo, por ejemplo, los radicales Andrés Delich, Juan Manuel Casella y Horacio Jaunarena, y los frepasistas Nilda Garré, Juan Pablo Cafiero y Enrique Martínez, que renunciaron ipso facto para no dejar en desventaja a sus ex compañeros del recinto.

Al borde de la catástrofe, las espadas del oficialismo están tratando de retener cualquier atisbo de escisión, por más insignificante que parezca. Gustavo Galland puede dar fe de ello. Hace varias semanas que dio un portazo en el Frepaso y el PSP -partido del cual fue fundador-, con la idea de montar una bancada unipersonal. Rafael Pascual viene postergándole la habilitación, con excusas administrativas.

Allegados al diputado bonaerense sospechan que el mandamás del socialismo popular,
Rubén Giustiniani, hace «lobby» al presidente de la Cámara para que bloquee a su camarada y adversario y, de esa forma, le vede segundaje en el recinto, privilegio del que gozan los caciques de bloque. En compensación, Giustiniani se comprometió a mantener lealtad con la Alianza -incluida la del intendente de Rosario, Hermes Binner-, durante la próxima reunión del comité nacional en la cual -dicho sea de paso-citaron a comparecer a Galland por su presunta indisciplina. Será el sábado que viene en el porteño hotel Castelar.

A
María América González, otra exiliada en potencia, el único que la puede frenar es Carlos Chacho Alvarez, pero el ex vice prefiere no mostrarse influyente en materia de contención (no puede predicar con el ejemplo). Se presume que la creadora del televisivo «rinconcito de los jubilados» puede terminar como coequiper de Elisa Carrió en el futuro inmediato.

La historia de la cariocinesis aliancista empezó con el mismo ascenso al poder y puede sintetizarse de la siguiente manera:

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En la primera oleada, tras la eyección de Chacho, hicieron las valijas los socialistas democráticos Alfredo Bravo, Héctor Polino y Jorge Rivas. Más tarde, el trío se convirtió en cuarteto. Para desventura de la UCR, Melchor Cruchaga abandonó el bloque para ascender al viceministerio de Justicia y, aunque en la bancada le cajonearon la dimisión, terminó dejando una vacante clave. Lo reemplazó un hombre del PSD bonaerense, Oscar González, quien -de inmediato-se acopló al ARI y restó otro voto al gobierno.

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Los cuatro socialistas criollos no tardaron un año en forjar un joint-venture con otros «rebeldes». Carrió se puso a la cabeza del ARI, que pasó de movimiento testimonial a un bloque de 6 con la asistencia de un peronista desencantado, el entrerriano Juan Domingo Zacarías. Otro representante de la UCR, el porteño Fernando Cantero, llegó como sustituto de la frepasista Adriana Puiggrós y anotó un número más en el tablero.

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En el último éxodo, pasaron la decena y se transformaron en la cuarta fuerza del cuerpo, detrás del aliancismo, el centenar del PJ y el interbloque Federal. La viuda de Germán Abdala, Marcela Bordenave, y ceteristas del chachismo, Eduardo Macaluse, Jorge Giles y Elsa Quirós, buscaron refugio en Carrió hace un par de semanas. Zacarías vetó a Federico Soñez, otro mesopotámico que aspiraba a mudar del Frepaso al ARI.

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Antes de eso, la azafata Alicia Castro fundó el Frente para el Cambio, en sociedad con el intransigente Gustavo Cardesa, el auyerista Alfredo Villalba y el abogado Ramón Torres Molina. Hoy terminarán de cerrar un acuerdo electoral con el Polo Social de Luis Farinello, que llevará al cura de Quilmes a la cabeza de la lista del Senado y a Castro como primera diputada.

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