6 de mayo 2005 - 00:00

La banca brasileña en ONU domina ya viaje de Kirchner

Néstor Kirchner viajará el martes próximo a Brasil para una cumbre internacional • El tema dominante del viaje será la disputa entre Brasilia y Buenos Aires por la aspiración de Lula de conquistar una banca permanente en el Consejo de la ONU • Bielsa le dio, con su operación de prensa del fin de semana, un altísimo volumen a esa disidencia • Su colega Amorim, por su parte, envió ayer a uno de sus principales embajadores a explicar a la diplomacia argentina que la aspiración brasileña no esconde una ambición hegemónica • No será el único entredicho con Brasil • Quedan las disputas comerciales y las reticencias en el intercambio de energía eléctrica como dos cuestiones de la agenda presidencial.

El presidente Néstor Kirchner, el canciller Rafael Bielsa y Luiz Inácio Lula da Silva.
El presidente Néstor Kirchner, el canciller Rafael Bielsa y Luiz Inácio Lula da Silva.
La disidencia argentina ante las pretensiones de Brasil de ingresar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como miembro permanente promete ser, un poco por iniciativa de Itamaraty y otro poco por incompetencia de Rafael Bielsa, el principal motivo de conversación entre Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva el próximo martes. Ese día, el Presidente llegará a Brasil para asistir a la cumbre sudamericana con los países árabes.

Las divergencias por el Consejo no agotarán el debate entre el gobierno argentino y el brasileño. También deberán aclarar el rumbo que tomarán las diferencias comerciales entre los dos países: la próxima semana habrá una reunión en Economía para que técnicos argentinos y brasileños analicen las asimetrías comerciales para las que Roberto Lavagna pidió un régimen de compensaciones especial el año pasado. El gobierno brasileño nunca contestó el petitorio argentino -por costumbre, Itamaraty evita poner por escrito sus posturas en esta materia-, pero Celso Amorim atenderá a la cúpula de la UIA en su despacho, el lunes (ver nota aparte).

La posibilidad de que se agudice la crisis energética en el mercado eléctrico se impondrá también en la conversación: hoy los proveedores argentinos están enviando sólo 30% de la demanda de sus clientes brasileños, lo que podría afectar a quienes, entrado el invierno, pretendan importar electricidad desde el país vecino.

• Desvelos

A propósito de las deficiencias energéticas: estas preocupaciones no serán las únicas de la visita a Brasil que emprenderá Kirchner. También deberá encuadrar correctamente su relación con Hugo Chávez, quien ya lanzó una importante operación de imagen con el encuentro tripartito que mantendrá con sus colegas argentino y brasileño. Entre los tres países se vino pergeñando la inconclusa y acaso fantasiosa Petrosur, empresa que debería articular a ENARSA, PDVSA y Petrobras. Todo un problema para el presidente argentino, quien declaró en Alemania que «a Chávez hay que contenerlo» y escuchó los desvelos que produce su colega venezolano al gobierno de los Estados Unidos de boca del propio George W. Bush. Es cierto, también Lula escuchó las mismas advertencias y reaccionó de dos maneras: primero, pidiendo que se le respete su derecho a manejar las relaciones internacionales con autonomía; segundo, ofreciendo una mediación que Condoleezza Rice rechazó de manera airada (la secretaria de Estado habrá entendido que una cosa es reconocer a Brasil como una potencia regional y otra distinta concederle el rol de intermediario en el vínculo de Washington con los gobiernos sudamericanos).

El interés de Lula y de su canciller Celso Amorim por acelerar la discusión sobre el Consejo de Seguridad cuando se inaugure la 60ª Asamblea General de la ONU, en setiembre, se manifestó ayer de manera especial en Buenos Aires. El gobierno brasileño envió al embajador José Viegas para tratar con el canciller las desavenencias sobre las pretensiones de Brasil. El emisario es uno de los más destacados diplomáticos del PT, ex ministro de Defensa del actual gobierno y futuro embajador brasileño en España.

Itamaraty le confió realizar una gira explicativa sobre la posición brasileña en relación con la reforma de la ONU y del Consejo.

Bielsa prefirió no asistir al encuentro, excusándose en que debía concurrir a una entrevista inesperada con el presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez, en la Casa Rosada. Importa mucho la simultaneidad de estas entrevistas porque últimamente Uruguay también mantiene una distancia de Brasil en relación con el Consejo. En efecto, el gobierno de Jorge Batlle había prometido que, si la reforma se producía, daría su apoyo al vecino en la ONU. Vázquez, en cambio, retrotrajo esa posición a otra fórmula, más fría: la de considerar los antecedentes históricos de Brasil para pretender la banca permanente. ¿Será por este cambio de posición que Brasil no apoyó al candidato uruguayo a presidir la OMC y postuló para eso a Luiz Felipe de Seixas Correa, aun corriendo el albur de un rechazo muy temprano? ¿O fue esta actitud brasileña la que retrajo a Vázquez en la cuestión del Consejo? Por si fuera esta última la verdad del conflicto, ayer Brasil anunció que avalará la candidatura de Carlos Pérez del Castillo. Casi inevitable lo de Itamaraty, ya que la alternativa a este candidato de un país del Mercosur es Pascal Lamy, el francés que más claramente defendió los subsidios al agro como comisario de la Unión Europea hasta el año pasado.

Para cubrir su ausencia en la entrevista con Viegas, Bielsa destacó a dos colaboradores que le aportan algo de profesionalismo a su gestión: Jorge Taiana, el vicecanciller y Roberto García Moritán, un diplomático experimentado que se desempeña como secretario de Relaciones Exteriores y cuenta con nutridos antecedentes en materia de integración con Brasil. Curioso lo de Bielsa: seguramente evalúa que estos expertos son idóneos para defender su posición ante un especialista brasileño como Viegas. Pero no tanto como para incluirlos en el «wine club» que abrió para sus amigos José Octavio Bordón en Washington ( logia en la que tal vez, por orden del Presidente, haya que aguardar alguna baja en los próximos días). En otras palabras, llama todavía más la atención que el canciller haya ignorado a su segundo Taiana a la hora de discutir las posturas argentinas frente a Brasil, en Washington. No se puede, claro, medir intenciones y prejuzgar que, en rigor, aquella incorporación de Bielsa al padrón bordonista se realizó para evitar que Taiana sea el sucesor en el Palacio San Martín si el ministro debe alejarse en pos de una diputación no deseada.

La visita de Viegas a la Cancillería estuvo dedicada especialmente a exponer la tesis de Itamaraty respecto de la conveniencia de reformar el Consejo de Seguridad de tal manera que ingresen otros países como miembros permanentes: Alemania, Japón, Sudáfrica, India, etc. En esa lista se incluye Brasil desde hace tiempo, con el argumento de haber estado entre los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Viegas insistió en la posición defendida ante otras cancillerías anteriormente: Brasil no pretende hacer un uso hostil de una posición preponderante en la ONU y, al contrario, se propone llevar adelante un sistema de consulta permanente con la región, en especial con sus vecinos, para las decisiones que se tomen allí y que puedan afectar intereses sudamericanos. Tal vez, la velocidad que adquirió el proceso de discusión de las reformas y el alto volumen que le impuso Bielsa a su negativa actual (en el pasado apoyó el ingreso de Brasil al Consejo con una banca permanente) conviertan estas promesas de Viegas y de su gobierno en algo meramente retórico. Es decir: acaso las posiciones en choque sean irreversibles. De hecho, la Argentina les sugirió a los Estados Unidos, por boca de su canciller en la reunión del 30 de marzo con la secretaria Rice, que coopere desde su rol de superpotencia para que las reformas se posterguen. Perezoso Bielsa: el otro camino lo obligaría a buscar solidaridades en el Mercosur o en Latinoamérica para su posición. Ya es tarde para hacerlo porque hasta en el caso de México perdió la confianza.

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