Ayer se realizaron tareas de reparación y limpieza de la estación de Haedo, donde el martes se produjeron incidentes en los que quemaron unos 14 vagones.
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El extremismo violento tiene participación con seguridad porque a) Aunque se hayan escudado en la ira natural del público no hay gente común que permanezca casi 5 horas en un lugar de desbande y saqueos sino que producida la descarga emocional busca alejarse como lo hizo 95% de los pasajeros originales. O sea actuaron activistas ideologizados que tienen ingresos que no son del trabajo donde aunque sea tarde necesitan concurrir. b) La gente común puede, en un momento de ira, quemar un vagón, dos o cuatro pero no 15 vagones uno por uno. c) Esa misma gente común nunca impide que bomberos y ambulancias lleguen a un lugar siniestrado. Y este martes con alarma se vio eso. d) Si no hubiera habido extremismo que es proteger aunque sea un poco -para no irritar al gobierno de cuyo dinero se depende- «Página/12» no hubiera titulado su edición de ayer en forma tan suave como «Incendio en Haedo», como si se tratara de una pinturería cualquiera o una simple mueblería. Bastaría pensar en los adjetivos tremendistas con que hubiera titulado su diario si un desborde tan grave como el de Haedo fuera en un gobierno pro libreempresa o en una peregrinación de jóvenes a Luján.
La ira permanente del público es una realidad innegable y con motivos valederos. El sistema vial del Oeste es el mismo que instalaron y manejaron los ingleses hasta 1947 cuando los compró Perón y ya eran obsoletos por falta de inversiones durante la Segunda Guerra Mundial. Los convoyes no pueden llevar más de 9 vagones porque les quedarían cortos los andenes pero en el lapso desde 1947 la Argentina más que duplicó su población y los viajeros en trenes.
TBA es una compañía local mediocre. Claro, estamos en una época que desalentamos las inversiones y empresas del extranjero y tenemos que conformarnos con segundo o tercer nivel pero eso sí, «son compañías criollas».
Es un absurdo que empresas que tienen una demanda asegurada de miles de usuarios diarios desde el Gran Buenos Aires superpoblado no mejoren el servicio para trasladar más pasajeros. Una empresa extranjera lo haría automáticamente, pero TBA está dirigida por dos hermanos Cirigliano. Es un engendro -argentinismo típico- de dueños de colectivos agrupados que no poseen capital propio, que tratan de formarlo, con sólo explotar el viejo servicio sin adecuarlo y que no poseen resguardos para respaldarse en créditos bancarios. TBA, es cierto, ha sido desvalijada por el propio personal y realizó 450 denuncias, incluidas por sabotaje. Un gobierno que hizo perder autoridad a las fuerzas de seguridad, al que se lo sabe débil para cualquier acción en salvaguardia del orden por temores políticos y que siempre, ante la duda, opera contra empresas privadas perjudicó a TBA, aunque ésta tenga culpas propias como las señaladas.
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