21 de diciembre 2001 - 00:00

La Capital, desbordada por la violencia: al menos 5 muertos

Negras nubes de humo esparciéndose por la Ciudad, vehículos incendiados, al menos cinco muertos, 500 detenidos y más de 250 heridos entre policías y manifestantes. El descontrol total.

Las calles de la Capital argentina se convirtieron ayer en un verdadero campo de batalla y en el epicentro de uno de los peores disturbios sociales de la última década con bancos, empresas y comercios destruidos.

La espontánea reacción popular de la madrugada del miércoles, se transformó con el correr de las horas en una ola de feroz violencia, con gente corriendo por las calles escapando a los gases lacrimógenos, las balas de goma y a las tropas de la Policía Montada.

Otros, protagonizando violentos choques con la Policía, con armas de fuego, piedras y palos para tener el dominio de la histórica Plaza de Mayo o de la Plaza de los Dos Congresos. Utilizando los bancos de las plazas, los tachos de basura y carteles de calles, decenas de personas levantaron verdaderas barricadas en varias calles aledañas, como en avenida Rivadavia y Rodríguez Peña, donde se atrincheraron con piedras y gomeras, mientras la Policía se agrupaba en esquinas cercanas escudados por los carros hidrantes.

Había mujeres, niños, hombres de saco y corbata, ancianos y también los infaltables activistas de izquierda que infiltrados en medio de la muchedumbre pugnaron por llegar hasta la Casa Rosada destruyendo todo a su paso.

Estaban los que sólo coreaban la consigna «Argentina, Argentina, Argentina», y aquellos que no dudaron en incendiar los bancos Comafi y el Banco Provincia.

«La Plaza debe quedar desalojada»
, fue la orden impartida a las 9 de la mañana de ayer. A partir de allí se sucedieron los episodios de violencia.

La llegada de Fernando de la Rúa a la Casa Rosada alrededor de las 10 de la mañana activó el enojo. Todos pedían la renuncia del Presidente. La situación se agravó luego de que la Policía diera un plazo de 15 minutos a los manifestantes para retirarse de la Plaza de Mayo invocando el estado de sitio. No hubo respuestas y la represión estalló.

Policías a caballo con palos, en carros hidrantes, con fusiles y gases lacrimógenos cruzaron Plaza de Mayo y la zona del Congreso Nacional sin interrupción, arrearon a decenas de detenidos a las comisarías porteñas y hasta dispersaron a un grupo de Madres de Plaza de Mayo.

• Imagen repetida

Manifestantes defendiéndose a patadas, piedrazos y palazos de los policías fueron una imagen repetida de violencia y pánico que sólo se detuvo por un instante por orden de la jueza federal María Servini de Cubría, que se encontraba de turno.

«A mí también se me cayeron las lágrimas cuando tuve que pegar, pero qué querés que haga, éste es mi laburo y tengo que cumplir la orden»
, le decía un joven agente de Policía a una mujer que detrás de un vallado le reprochaba la actitud hostil.

Otro Policía también lloraba sobre el hombro de un movilero de una radio:
Tengo que disparar y ahí al frente está mi viejo que gana 150 pesos, qué querés que haga».

Un anciano con un gran Biblia en sus manos imploraba por la Paz, mientras a su lado se agitaban los cascos de los caballos de la Policía Montada que al galope intentaban dispersar a los manifestantes. A pocos metros un solitario hombre en medio de las bombas de gases lacrimógenos y de las corridas levantaba un cartel cuya leyenda rezaba:
«De la Rúa ¿te censaron? Si no existí. Andate!!!».

Otros, desafiantes, cantaban «Bin Laden, Bin Laden, haceme un favor, Chupete está en la Rosada mandale un avión».

Cuando llegó la orden final de desalojo de Plaza de Mayo, poco después de las 17.30 el humo de los gases oscureció la zona que reúne a los símbolos del orden institucional: la Casa Rosada, el Ministerio de Economía, la sede del Banco Nación Argentina, el Cabildo.

• Nuevas batallas

Durante más de 10 horas y hasta después de conocida la renuncia de De la Rúa, se sucedieron los enfrentamientos.

La Policía ganaba la Plaza haciendo retroceder a los manifestantes hasta la calle San Martín, Diagonal Norte, Diagonal Sur, o inclusive hasta la zona del Obelisco.

En esas dramáticas horas al menos cinco personas murieron por recibir impactos de bala y más de 250 resultaron heridas, la mayoría de ellas ocurridas en la zona de 9 de Julio y Avenida de Mayo.

El SAME tuvo que improvisar un centro de asistencia, para atender a los heridos, mientras en el Hospital de Clínicas era sobrepasado en atenciones.

La avenida Corrientes también fue colmada desde la avenida Callao hasta el Obelisco por los manifestantes que intentaron pasar los vallados policiales camino a Plaza de Mayo,
en medio de enfrentamientos, incendios de autos y rotura y saqueos de comercios que se encontraban en la zona (ver recuadro).

Mientras la Policía reprimía con gases lacrimógenos, los manifestantes incendiaron árboles, dos camionetas de un correo privado y neumáticos.

En medio del caos, y ya con la renuncia de
De la Rúa confirmada, un grupo de vándalos con el rostro cubierto comenzaron a destrozar más bancos: esta vez los afectados fueron las sucursales del Galicia y el Provincia.

También se quemaron dos ambulancias del SAME, se robaron vehículos y hubo un extraño enfrentamiento a tiros entre supuestos policías de civil y un grupo de autos particulares.

Sucedió entonces, nuevas batallas campales; heridos, detenidos, órdenes judiciales para cesar la violencia desobedecidas, más heridos y más detenidos. Y los motocarros desplazándose por la ciudad en contramano por la Avenida 9 de Julio, mientras integrantes del grupo de izquierda Quebracho rompía vidrieras a su paso.

Anoche la jueza Servini de Cubría y el fiscal Luis Comparatore, ambos en turno policial con jurisdicción en la Capital, convocaron a la Gendarmería y a la Prefectura nacional para que se hagan cargo de la seguridad en la Ciudad ante la ola de saqueos.

El fiscal Comparatore pidió también a la jueza que incluya al ex presidente De la Rúa entre los citados para dar explicaciones sobre la represión de ayer.

La magistrada ya convocó a los funcionarios Enrique Mathov, Ramón Mestre y al jefe de la Federal, Rubén Santos, para que indiquen quién dio la orden de reprimir a los manifestantes. Según trascendidos todos ellos se trasladaban, al cierre de esta edición, a los Tribunales del barrio porteño de Retiro.

En otro punto fuera de la Ciudad, dos torres del barrio Odisa, de la localidad bonaerense de Villa Centenario, fueron saqueadas por vecinos de la zona que entraron al complejo habitacional.

Los saqueadores se llevaron electrodomésticos de los casi 20 departamentos de las dos torres que atacaron, de cuatro plan-tas cada una, de las que existen una veintena más, antes de la llegada de los policías y en ausencia de sus dueños.

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