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20 de octubre 2011 - 08:49

La pelea por las bancas: el Congreso de hoy y el que se viene

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Las elecciones legislativas de 2009 significaron una dura derrota para el Gobierno, que vio esfumarse de un plumazo la amplia mayoría que ostentaba hasta ese momento en ambas Cámaras del Congreso. Esa avanzada opositora, que por entonces parecía una amenaza letal para "el modelo", no logró consolidarse y la muñeca política de los operadores estrella del kirchnerismo finalmente congeló la embestida.

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En el haber anti-K puede contarse apenas un puñado de victorias. Entre ellas está la aprobación -posteriormente vetada por la presidente Cristina de Kirchner- del aumento del 82% a las jubilaciones mínimas, con el desempate, otra vez como en la maratónica jornada de 2008 cuando se desactivaron las retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias, de Julio Cobos. Dos años más tarde, de repetirse -o incluso ampliarse- los resultados de las primarias de agosto, el nuevo turno electoral transformará completamente el escenario en el Parlamento. El oficialismo, ahora, se entusiasma con retomar el control absoluto en Diputados y el Senado.

Aquella foto parlamentaria que intentó dibujar el autodenominado "Grupo A" en 2009, donde todo el arco opositor pretendía unirse frente a un kirchnerismo debilitado, ya es historia. Actualmente, el oficialismo en Diputados cuenta con 87 miembros propios que junto a 26 aliados conforman la primera minoría. En la vereda de enfrente, producto de las rencillas internas, la alianza del Acuerdo Cívico y Social (UCR, Coalición Cívica y socialismo, entre otros) estalló en mil pedazos. El radicalismo quedó con poco más de 40 representantes, mientras que los leales a Elisa Carrió mantuvieron un bloque de 18 legisladores. El PS, en tanto, se fusionó con otros espacios para establecer el interbloque del Frente Amplio Progresista, que responde al santafesino Hermes Binner, con 21 adherentes.

Algo similar ocurrió con el Peronismo Federal que terminó de implosionar con la partida de Felipe Solá, probable pieza clave para el kirchnerismo el próximo año. En el resto de los espacios se destaca el PRO (con 11 legisladores), el Bloque Peronista (4), y Proyecto Sur de Fernando Pino Solanas (3).

La "rosca" política también hizo mella en el Senado. Con aliados, la bancada del kirchnerismo conducida por Miguel Pichetto cuenta hoy con 37 legisladores. A los K "puros" se les suman el expresidente Carlos Menem, quien jugó varias veces para el oficialismo, la santafesina Roxana Latorre, dos fueguinos, un neuquino y una rionegrina. Aunque en la práctica serían 38, con la suma del porteño Samuel Cabanchik, a quien califican como "libre pensador", pero que colabora con el kirchnerismo. Además, en la oposición hay senadores que podrían dar el salto hacia las filas que responden al Gobierno. Habrá que ver que ocurre, por ejemplo, con los pampeanos Carlos Verna y María Higonet, o los correntinos que responden al gobernador correntino Ricardo Colombi, de reciente acercamiento a la Casa Rosada.

En términos numéricos, el conjunto kirchnerista, sin contar los aliados, es el que más bancas pone en juego el próximo domingo: 51 en Diputados y 15 en el Senado. Sin embargo, en las huestes del oficialismo sacan cuentas y se relamen con las proyecciones que se barajan sobre los resultados de los comicios. De mantenerse los números de las primarias, los K junto a sus aliados podrían superar las 130 bancas en la Cámara baja y las 38 en la Alta, lo que significa volver a poseer quórum propio en ambos recintos. Una victoria como la que se presume, transfiguraría el esquema de poder en el Parlamento donde, se descarta, el kirchnerismo tratará de imponer su supremacía para recuperar el control de las comisiones que debió ceder tras la derrota de 2009.

Quienes se encuentran ante una eventual debacle en términos legislativos, siempre evaluando los resultados de las primarias, son los diputados de la Coalición Cívica. En 2007, tras la mejor elección de su historia, el espacio de Carrió se estableció como la segunda fuerza en el Congreso; ahora quedaría con menos de una decena de miembros. El radicalismo mantendría un número similar de bancas al que poseen actualmente, mientras que el interbloque del FAP se asoma como un espacio a tener en cuenta. En el peronismo no kirchnerista habrá que esperar lo que suceda tras la diáspora que comenzó semanas atrás; tal como puede ocurrir en el Senado, muchos de sus miembros podrían cambiar de bando para engrosar las filas del oficialismo. Aunque con el tiempo esa ecuación puede volver a modificarse de acuerdo a las aspiraciones de algunos gobernadores que pretendan en 2015 pelear por la sucesión presidencial.

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