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10 de agosto 2006 - 00:00

La represalia

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Evo Morales
La pregunta es: ¿pueden los países del Mercosur prescindir del paroxismo político del venezolano Hugo Chávez cuando son débiles en medios energéticos y eso se acentuará dentro de pocos años? La respuesta que piensa Estados Unidos es: les doy preferencias arancelarias -en el caso argentino por alrededor de 600 millones de dólares por año- para que subsanen sus males pero no me incentiven a una amenaza como Chávez que alaba y financia la dictadura de Fidel Castro, alienta la amenaza nuclear de Irán y de Corea del Norte, se está armando en Rusia con peligro para la región y le está negando la democracia plena al propio pueblo venezolano.

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Hugo Chávez es el típico caso del político al frente de un país subdesarrollado enriquecido súbitamente por el excepcional precio alcanzado por commodities como el petróleo. Le permite una actitud contestataria, por momentos procaz, con una potencia como Estados Unidos y hace relucir a su país -y a él en lo personal desde un oscuro e irrelevante título de militar en un país del Tercer Mundo- siendo recibido por líderes mundiales a los cuales el antinorteamericanismo de una pequeña nación les suele atraer. Parece incongruente el venezolano con actitudes como comerciar con el país que agrede -aunque su producto exportador es tan fuerte como para poder hacerlo- y tiene pensamientos adolescentes como estar a un paso de proclamarse comunista, por un lado, como Fidel Castro a los dos años de asumir en Cuba en 1959 como un «guerrillero barbudo y romántico de las montañas» y, por el otro, planear Chávez romper relaciones con Israel que lo pone casi al lado del nazismo porque no se descarta que termine negando el Holocausto judío para congraciarse con lo que afirma Mahmoud Ahmadinejad, presidente de Irán.

El mandatario de un país subdesarrollado que se encandila con giras mundiales y recibimientos afectuosos no es descubrimiento de Hugo Chávez. En la Argentina Carlos Menem se lucía con su hija en la corte británica frente a la reina y era recibido por todos los estadistas mundiales a partir del enriquecimiento, igualmente súbito, de la Argentina por una política de apertura mundial de su economía y de privatización de sus empresas de servicios públicos monopólicas que era necesario hacerlo, aunque el ex presidente exageró en la ausencia de condicionamientos y el no haber alentado al capital privado local para adquirirlas.

Tampoco el boliviano Evo Morales es un estadista y un patriota único con relación a sus antecesores en la presidencia de su país por haber revalorizado el gas boliviano y tomar también vuelo internacional a nivel de querer «refundar» a su Bolivia.

Simplemente Morales también se proyecta al mundo a partir de la reducción de la energía que amenaza a casi todos y que encumbra a las naciones que la tienen. Hubiera sido utópico Morales unos años atrás cuando la Argentina no mostraba todavía sus carencias energéticas, a Brasil no le preocupaba y ni en Chile era un problema gravitante mientras recibía cómodamente desde la Argentina gas a precios subsidiados. Chávez y Evo son fruto de la nueva situación mundial en fuentes de energía, de la misma manera que en la Argentina tenemos abundancia de dinero como para que el gobierno subsidie para que no haya inflación que afecte el prestigio político ni la continuidad del presidente Néstor Kirchner y que pueda hacerlo simplemente a partir de que China, desde mediados de 2002, decidió darle de comer bien a un cuarto de su población e importar alimentos y petróleo para crecer, impulsando su escasez.

Rusia hace un mes le efectuó un corte de gas por horas a Europa. Pudo ser un desperfecto o una revalorización de lo que aporta. Pero el presidente Vladimir Putin y Rusia, como dominadores de petróleo son más serios que Chávez y la Venezuela que domina desde sus abundantes cajas fiscales.

  • Populismo

    El drama de los países subdesarrollados imprevistamente enriquecidos por una coyuntura mundial es que engendran mandatarios populistas vía el reparto indiscriminado de la plata que les llega a borbotones y no tienen la visión del estadista de subsidiar menos e invertir productivamente más para terminar, en algún futuro, con la dependencia de su bienestar sometida a la valorización extrema hoy de determinados commodities.

    La Argentina debió prever que Estados Unidos comenzaría a reaccionar ante el acercamiento al chavismo. Su ineficaz embajador en Washington, Octavio Bordón, inexplicablemente desde hace años en cargo tan decisivo, ni lo previó, ni se enteró antes, ni es capaz de explicar las necesidades energéticas argentinas que llevan a la intimidad -aunque exagerada- como política exterior hacia Hugo Chávez. No es para este embajador el tema pero tampoco es fácil explicarlo porque los norteamericanos saben que hacemos dispendio de dinero en subsidios y demagogias internas y no en explorar para aumentar las reservas conocidas de petróleo y gas. También saben que nos dimos el gusto político y de impacto popular de cancelarle créditos blandos al Fondo Monetario Internacional cuando ahora tenemos que pagar el doble de tasa por los mismos créditos y que sustituimos al Fondo por una sujeción financiera a Chávez y sus petrodólares. En nuestras disputas con Uruguay y con el enojo chileno estamos bien parados. Con Estados Unidos seremos afectados más por nuestros propios errores que por las represalias.
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