La última bala de Duhalde: que jueces anulen comicios
Eduardo Duhalde enfrentó un límite importante durante el fin de semana con el proyecto que alentaba para complicar el futuro electoral de Carlos Menem. Era la iniciativa que en su momento elaboró Juan Carlos Romero, consistente en que el PJ no haga internas y vaya a las elecciones generales disperso en varias fórmulas. Esa estrategia potenciaría la posibilidad de un ballottage, en el que Duhalde ve perdedor a Menem. Pero fracciona de tal manera al PJ y lo arriesga tanto a una derrota, que los caudillos del interior rechazaron la idea. A cambio, Eduardo Camaño, consiguió un compromiso para que se impulse la ley de lemas en el Congreso. Duhalde salió a desautorizarlo ayer, por boca de Alfredo Atanasof. A diferencia del proyecto Romero, la ley de lemas sintetiza las adhesiones a distintas fórmulas de un mismo partido, volcándolas en favor del candidato más votado. Menem se vería favorecido aun cuando el poder que otorga este método al ganador es harto fragmentado. Pero el sistema aleja el ballottage. Además Camaño se comprometió a que, si no se adopta la ley de lemas, se realizará la interna del 23 de febrero. Es lógico que Duhalde estuviera irritado con su hombre quien, con torpeza, llevó a la mesa presidencial casi lo contrario de lo que le habían pedido.
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•Decantación
En toda la peripecia del fin de semana se decantaron muchas posibilidades, fantasías, proyectos. En principio, quedó descartado el proyecto Romero, ya que los gobernadores y dirigentes del interior le pusieron un límite severo a la pretensión de Duhalde, en defensa de su propio poder federal.
También quedó descartada la ley de lemas por las razones apuntadas y también por las que el gobierno expuso en su comunicado: es abiertamente inconstitucional y carece del consenso mínimo al que toda democracia aspira cuando se trata de cambiar nada menos que las reglas de juego electorales.
Tampoco debe pensarse en el proyecto de Gerardo Conte Grand, que también presenta rasgos de inconstitucionalidad llamativos (excluye del ballottage a las fórmulas más votadas en beneficio de las «más votadas de los partidos más votados»).
Conclusión: si Duhalde quiere cortar el camino de Menem, deberá encontrar un candidato que lo derrote. Y para el Presidente el único candidato que, eventualmente, podría conseguir ese objetivo, sería él mismo (además, sería el único que él y el duhaldismo aceptarían para ese cometido, que supone quedarse con la sigla PJ por varios años).
Hay que releer, entonces, el comunicado de Atanasof. Allí se dice que Duhalde se irá el 25 de mayo. Y hay que creerle. También afirma que el gobierno trabajará para las elecciones del 27 de abril. No dice que esas elecciones se van a realizar. Es comprensible: para enfrentar a Menem, el Presidente requiere de una decisión judicial. Que la Cámara Nacional Electoral adopte como propios los criterios del abogado Ricardo Monner Sanz y dictamine que el Congreso emitió una ley anticonstitucional cuando acortó el período de Fernando de la Rúa hasta el 25 de mayo y convocó elecciones para el 27 de abril. Si la Justicia niega a los votantes la posibilidad de esos comicios, Duhalde no tendrá la culpa. Y será vista como más razonable una prórroga de las internas del 27 de febrero. Se irá cuando dijo que se iría pero, en elecciones postergadas para el último trimestre del año, podría presentarse como candidato. Hoy no sabe si lo hará, sencillamente porque no sabe cuál será su contextura política para aquel momento. Por eso, una vez más, requiere tiempo. Y sólo los jueces pueden dárselo. ¿Será éste el desenlace? Demasiado bueno para ser cierto. Porque si éste es el curso que tomarán los hechos, finalmente habrá una choque entre Menem y Duhalde, se despejará una gran incógnita de poder y, probablemente, el gobierno que viene sea más fuerte que el que se está preparando ahora entre artimañas y coartadas.




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