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Aun en sus triunfos, saturados de fondos públicos para ganar votos, Eduardo Duhalde nunca logró acumular más de un voto cada 5 bonaerenses, aunque le bastaron para ganar. Y no siempre. En 1997 su esposa Chiche perdió frente a Graciela Fernández Meijide. Y en 1999 el propio ex presidente, provisorio por menos de dos años, perdió ante Fernando de la Rúa. Aparte, no pudo ganar intendencias en los municipios de la costa ni en los agrícola-ganaderos del interior de la provincia. En ellos hay más clases medias y altas no tan sujetas a la influencia de las «cajas» que siempre manejó Duhalde y que sí lo beneficiaron en los «cordones» más pobres del Gran Buenos Aires.
Si a los Duhalde les costó ganar siempre en su distrito, en la Casa Rosada se amargan con cálculos para el caso de ir divididos a octubre. Aunque Cristina Kirchner aventajara a Chiche Duhalde -algo posible porque ésta no tiene hoy manejo de las famosas «cajas» en la provincia-, es menor problema para esta última porque renovarían menos legisladores pero los suficientes para mantener el principal bloque del justicialismo en la Cámara de Diputados de la Nación y la actual mayoría en las cámaras provinciales.
Tanto es así que aun cediendo Kirchner a Duhalde, aunque hoy suena imposible, empieza a no convenirle el acuerdo al caudillo bonaerense. Desprecia al santacruceño. No sólo porque le haya encumbrado a Felipe Solá, trabado las «cajas» y porque sepa que si el Presidente pudiera liquidarlo totalmente lo haría, sino porque no soporta un proselitismo preelectoral sin la marcha cantada por Hugo del Carril, los nombres y cuadros de Perón y Evita, y el escudo partidario en cada acto.
Además saben los Duhalde que se equivocaron al designar candidato a dedo al entonces gobernador de Santa Cruz. Con Carlos Menem siempre podrían haber pactado beneficios y tenían pruebas de ello: cuando Menem era presidente les inventó el «Fondo de reparación histórica de la provincia de Buenos Aires» (un engendro y despilfarro de casi dos millones de dólares por día para gastar sin rendir cuentas) que les dio la mayor «caja» del país y con la cual armaron la famosa «estructura» política bonaerense con la cual todavía sobreviven en política.
Lo más que Néstor Kirchner acepta es declararse «peronista impuro», como acaba de hacerlo. Aunque alguna vez fue fotografiado con un cuadro de Eva Perón bajo el brazo (en realidad se desprendía de él), le repugna la mística del justicialismo tradicional y se niega hasta a mencionar el nombre de Juan Perón. Lo mismo su esposa Cristina. Ciertamente, que después de dos años la gente de Santa Cruz comenzara a usar la liturgia del viejo peronismo y las invocaciones a sus creadores, sonaría ridículo. Más electoralmente.
Duhalde no tiene planes de desarrollo, sólo se mueve con administraciones enriquecidas como sea. Jamás garabateó un libro porque el «duhaldismo» no es una idea, buena o mala, sino una manera de permanecer en el poder. Inclusive cuando no lo votan democráticamente. Es un simple pero de derecha. Le repugna, a su vez, el izquierdismo que Kirchner representa y trata de imponer. Más aún cuando el progresismo hoy oficialista lo acosa permanentemente con indudable miopía.
Duhalde sin la manta peronista no sabría dónde ubicarse ni con quién aliarse.
Cuando Chiche Duhalde criticó días pasados al Presidente por haber atacado éste hirientemente, según es bastante habitual, a la unión política opositora al oficialismo de Ricardo López Murphy, Mauricio Macri y Jorge Sobisch interpretó el sentir, en ese mismo sentido, de los ciudadanos moderados cansados de la iracundia política imperante. La señora Duhalde obtuvo una réplica, hasta soez, del ministro del Interior, Aníbal Fernández. Este es inteligente y no impolítico, aunque tenga que ser guerrillero obligado del Presidente, como para réplicas agresivas y hasta contra las mujeres. Más aún cuando durante años militó en el duhaldismo que ahora execra. Lo que en realidad sucedió es que más que interpretar a los moderados Chiche Duhalde insinuó, al hablar, un acercamiento a López Murphy-Macri-Sobisch. Dejó ya de ser descabellada la proximidad del duhaldismo a ese trío de centroderecha.
En definitiva Macri fue siempre bienvenido por Duhalde, y Sobisch es un exitoso gobernador de un Movimiento Popular Neuquino más cerca, con su conducción, del PJ que del radicalismo. Que Luz Sapag y el interesante intendente de la capital neuquina, Horacio Quiroga, se hayan inclinado hacia la Casa de Gobierno más tienta al matrimonio bonaerense a un acercamiento hacia un trío donde no esperan llevarse mal con dos y soportar las ideas muy distantes a ellos de Ricardo López Murphy.
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