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23 de mayo 2006 - 00:00

Lavagna, ahora con ex duhaldistas para alimentar proyectos sobre 2007

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Roberto Lavagna continúa en el centro de la escena política, o en boca de Raúl Alfonsín o por su diálogo con peronistas opositores a Néstor Kirchner.
Frugales, pidieron pollo y pescado como si un menú sin carne tapara el aroma conspirativo. Pero tres horas de diálogo entre Roberto Lavagna y el cuarteto de El General sólo permite una lectura: el ex ministro animó, siquiera por omisión, el diseño de un bloque ajeno a Néstor Kirchner.

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En el hotel InterContinental, Lavagna almorzó ayer con los ex duhaldistas Eduardo Camaño, Jorge Sarghini, Juan José Alvarez y Francisco De Narváez, puesta en escena que, aun prematura para la óptica del ministro proyecta uno de los formatos probables del 2007 electoral.

La cita (o, mejor dicho, su difusión) es el mensaje. Y recrea el lenguaje de señas entre el ex titular del Palacio de Hacienda y Kirchner. Todo un dato: al sentarse con díscolos al mandato de la Casa Rosada, Lavagna sobreactúa su autonomía del patagónico.

Y, sobre todo, inyecta más combustible a las múltiples conjeturas que se tejen en torno a su futuro político que por momentos parece cercano al de Kirchner, mientras en otros instantes, como el mediodía de ayer, se lo intuye en la trinchera de enfrente.

  • Octubre

  • «De candidaturas no hay que hablar: falta mucho», avisó Lavagna a los ex duhaldistas que, sobre todo Camaño, disfrutaron una ironía del ex ministro: «Veremos recién el año que viene, total las elecciones van a ser en octubre. ¿O no es eso lo que dice Aníbal Fernández?».

    Es la carta que siempre muestra el ex ministro: sin desconectar las terminales que lo unen a Kirchner, permite que Raúl Alfonsín levante su nombre y acepta que los bonaerenses de El General lo agasajen con un almuerzo planeado para trascender como hecho político.

    El ministro disfruta de que su nombre, como socio o como enemigo, aparezca en todos los cajones de arena. En todos: incluso en el que fantasea con un ensamble entre el PJ no kirchnerista y la UCR alfonsinista, como contracara de la « concertación» que promete Kirchner.

    Por eso, para los generales es oro puro. Luego de coquetear con el indomable Adolfo Rodríguez Saá y zizaguear con Mauricio Macri, el PJ «no alineado» apuesta a Lavagna como su única salvación si, en 2007, perdura la bonanza económica y, por tanto, perdura Kirchner.

    Mientras, el ex ministro se sentó a la mesa con De Narváez, (uno de los enemigos que eligió el Presidente) luego de haber planteado la semana pasada -como nunca antes desde que dejó Hacienda- serios cuestionamientos al rumbo económico que, se sabe, digita Kirchner y no Felisa Miceli.

  • Ajedrez

    ¿Se trata de una contraofensiva del ex ministro? ¿Es una jugada en un ajedrez entre el economista y el Presidente?. Está todo por verse. Lo único que Lavagba dejó entrever es que entre sus prioridades no figura ser candidato en la Capital en el 2007.

    Traducción: en la hipótesis de que fue postulante el año que viene, al ex ministro le seduciría más la alternativa de zambullirse a la disputa nacional, no en la porteña.

    En cuanto a su visión sobre la gestión, en la charla con Camaño, Sarghini, De Narváez y Alvarez, Lavagna repitió las alertas sobre distintas medidas en materia económica, pero fue cauto al morigerar sus dichos para que las observaciones no se interpreten como críticas feroces contra la Casa Rosada.

    Evitó, por ejemplo, hurgar en el capítulo que más le arde a Kirchner: la inflación.

    Lavagna, al igual que Sarghini, quien lo acompañó en Economía, se enfocaron más en cuestiones estructurales que en las aventuras de Guillermo Moreno como comisario de precios.

    Ubicó, sin embargo, el origen de todos los males en los meses que siguieron a la elección del 23 de octubre, dos meses después de lo cual Lavagna fue expulsado del gobierno.

    Quizá lo más inquietante sean las opiniones que el ex ministro, como un canciller informal, colectó en la gira de dos semanas que realizó por Estados Unidos y Europa sobre la economía argentina y, puntualmente, respecto de cómo se ve a Kirchner desde esos países.
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