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4 de julio 2008 - 00:00

Lejos del horno

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Enardecido como pocas veces, Néstor Kirchner ayer les habló a los diputados de su sector. Más que amenazante, les recordó de dónde venían, quién los había promovido (él, por supuesto) y, de paso, les dijo que votaran sin miedo las retenciones que su mujer le impuso al campo. Era un llamado, una orden más precisamente, a la tropa legislativa que amenazaba disolverse y no conseguir el número para la votación de hoy.

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Largo discurso en el que acusó a los ruralistas, otra vez, de golpistas. Fue en una sede periférica de la Unión Obrera Metalúrgica -de paso, lo durmió al secretario general, Antonio Caló, quien se imaginaba vivito reemplazante de Hugo Moyano en la CGT-, donde jamás citó a Augusto Timoteo Vandor (uno de los 5 jefes de ese sindicato en toda su historia, desde que se fundó después del 45) cuyo asesinato a manos de Montoneros -ocurrido hace 39 años, aniversario el último lunes- no lo recordaron por prudencia los propios metalúrgicos. Casi una confabulación del silencio, como la azarosa visita de Kirchner a la ahora casa central de la UOM, lejos de la tradicional de Cangallo (o Presidente Perón), donde alguna vez en el horno de ese gremio descuartizaron a un opositor llamado Dubchak y, luego, lo incineraron (tiempos de Lorenzo Miguel, de los cuales el siempre oficialista José María Díaz Bancalari podría hacer algunos comentarios). Delicias de aquellos tiempos, y de éstos, ya que Caló se formó bajo la inspiración miguelista para lograr el cargo actual mientras se cuelga de Kirchner para conservarlo y, eventualmente, progresar.

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