11 de febrero 2004 - 00:00

Liga de intendentes abre la puerta a Kirchner en Buenos Aires

Liga de intendentes abre la puerta a Kirchner en Buenos Aires
"Mi único instrumento político es la administración. Yo no tengo, como otros, una claque que ande por la provincia aplaudiéndome mientras descanso en mi casa.» Estas fueron las confesiones, pronunciadas con un tono depresivo, que Felipe Solá volcó delante de los empresarios reunidos en el Coloquio de IDEA de Mar del Plata, en noviembre. Al cabo de tres meses, no habrá conseguido ese acompañamiento, pero podrá exhibir una pasable demostración de afecto del centenar de intendentes que se reunirá en La Plata, en un congreso de la Federación Argentina de Municipios que Solá cerrará con un discurso. La alocución, claro, será más entusiasta que la del trimestre anterior.

Que la congregación sea en la capital de la provincia luce ya sospechoso. Julio Alak, el dueño de casa, no será un kirchnerista de la primera hora (el Presidente nunca le terminó de perdonar su inclinación por Carlos Menem en las elecciones), pero jamás fue un duhaldista extremo. Al contrario, fue con el intendente de La Matanza, Alberto Ballestrini, el encargado de hacer el túnel que los sacaría del duhaldismo hacia otra formación cuando Carlos Ruckauf llegó al poder provincial. Desde entonces, cuando se los denominaba «mosqueteros» (el trío lo completaba «Juanjo» Alvarez), siguen cavando.

• Agasajo

Sin embargo, para comprender del todo el movimiento hay que mirar a otro jefe comunal. Es Julio Pereyra, mandamás de Florencio Varela. Pereyra es el presidente de la Federación Argentina de Municipios, y su acercamiento a Néstor Kirchner se hizo evidente ayer, en la reunión que realizaron con «Cacho» Alvarez en Avellaneda para agasajar a la hermana del Presidente, Alicia. Como se sabe, esta mujer es la custodia más severa del patrimonio político de Kirchner, que se administra con la «caja» de la Acción Social.

A Pereyra hay que prestarle atención. «Chichista» ortodoxo (por su aprecio por la señora de Eduardo Duhalde), construyó una alianza política con Graciela Giannettasio y con Luis Genoud, dos duhaldistas estrictos con los que todavía mantiene buena relación. Estas afinidades y las frecuentes reuniones que mantuvo durante el verano con Duhalde (sobre todo, un asado en Pinamar con Hugo Curto, Eduardo Camaño y «Cacho» Alvarez) llevan a algunos a pensar en que el intendente de Florencio Varela puede ser, en verdad, una especie de «doble agente». Sospechas que no llegan demasiado lejos. Hoy Pereyra parece ser, sin enemistarse con Duhalde, la punta de lanza de Kirchner en la provincia. En esa condición participa de la organización del congreso que harán en La Plata, similar a uno que se celebró en Entre Ríos, con la presencia de Jorge Busti, la oratoria final de Aníbal Fernández y el sello de la Casa Rosada: la visita de Carlos Kunkel, el hombre que fue jefe político de Kirchner cuando militaban en la izquierda peronista de la provincia, en los '70.

• Interrogantes

Cada vez que Solá, el gobernador, reclama un espacio político propio, le preguntan por el nombre de los intendentes que le responden como jefe. Ahora, tímidamente, podría aspirar a una recluta en la liga que encabeza Pereyra. Allí ya milita Ballestrini, el hombre que intenta una y otra vez despejar las desconfianzas que hacen ruido entre Olivos y La Plata, y Alak, el anfitrión. ¿Irán también al club Curto o Juan José Mussi? Si eso sucede, se verá todo como una «mise en scène» duhaldista. Es decir, una simulación de apertura kirchnerista para postergar «el desembarco de Normandía» (frase acuñada por Solá que identifica, sin quererlo, al duhaldismo con la ocupación nazi en Francia).

El ex presidente Duhalde se reiría de estas suspicacias. El dice, sinceramente, abrirle la puerta de su distrito a Kirchner. «Quiero que los intendentes se reúnan con él, que lo visiten y él los visite a ellos. ¿Qué mejor que apoyarlo a Néstor? Hemos hecho tantas macanas los políticos que si comete injusticias con nosotros, hasta las injusticias deberíamos tolerarle.» El jefe bonaerense está pasando por una etapa de generosidad incomparable. Casi similar a la que manifestaba cuando Carlos Menem, a través de José Riccilo, organizaba actos con intendentes en el Salón Blanco y desde Lomas de Zamora alentaban la concurrencia, con un dejo de cinismo.

• Demandas

Ahora esa adhesión parece más sincera. Duhalde cede, temiendo que, si no lo hace, desde el gobierno le apunten los cañones con la verdadera contradicción con Kirchner, que aparece ahora a la luz: la Argentina tiene demandas por miles de millones de dólares en tribunales internacionales por los contratos rotos durante la anterior administración. Hasta ahora, el Presidente no culpó a nadie por esa «pesada herencia», que terminará pagando él.

Aun así, desprendido y temeroso, el hombre de Lomas no pierde ciertos tics de prevención. En su casa, silencioso, garabatea papeles. Hace listas. Son las de los nuevos congresales del PJ que corresponden a la provincia de Buenos Aires. Quiere tener el control absoluto de ese bloque. Ha de ser para despuntar el vicio y entretenerse. Porque cuando se le pregunta qué rol debe tener el partido durante el gobierno Kirchner, contesta irritado: «Ninguno, el partido debe cerrarse. Es apenas una herramienta electoral».

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