¿Llega de noche Chávez como Antonini Wilson?
No se sabe aún si Hugo Chávez llegará al país el domingo a la noche o el lunes para asistir a la Cumbre del Mercosur en Tucumán. Lo que sí se sabe es que lo hará con serios problemas a cuestas. Acaso aproveche sus siempre coloridas apariciones ante la prensa para explicar cómo es posible que después de nueve años de socialismo uno de cada cinco niños venezolanos sufra algún nivel de desnutrición. O por qué el Parlamento que domina a voluntad proscribió a 400 candidatos -la mayoría de opositores, algunos muy populares- para las elecciones regionales de noviembre. El petróleo caro no lo puede todo.
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En el lenguaje Chávez, sitio cerrado es igual a sitio seguro-. Hasta ahora, más allá de sus recurrentes denuncias mediáticas de supuestos intentos de asesinato, en sus salidas al exterior el venezolano había montado una superestructura de custodia, pero se permitía exponerse.
En Tucumán, el martes próximo, eso no ocurrirá. La organización local, que como siempre opera a través de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, que comanda Hebe de Bonafini, se tuvo que poner a buscar un recinto que cumpla ese requisito y permita cierta masividad.
Es probable que sea, finalmente, en el club Central Córdoba, que suele ser utilizado para conciertos. Tiene capacidad para 6.000 personas y allí, si no hay cambios de último momento, Chávez compartirá escenario con el boliviano Evo Morales y el paraguayo Fernando Lugo.
Como es habitual, los Kirchner permitirán los movimientos del venezolano, pero no lo escoltarán de manera oficial. Siempre, claro, hay intervenciones: funcionarios de Cancillería y de Casa Rosada colaborarán con la puesta en escena y se mostrarán con Chávez.
Sin cargo oficial estarán Luis D'Elía, la comandancia de Libres del Sur encabezada por Humberto Tumini, el kirchno-chavista Edgardo Depetri, el armador de la contracumbre Oscar Laborde, el operador presidencial Rafael Follonier y, claro, Hebe de Bonafini.
Pero, además, la presencia de Chávez servirá para blanquear un realineamiento en el universo de la izquierda local: el PC, que comanda Patricio Echegaray, tuvo un acercamiento al kirchnerismo, en medio de la crisis del campo, en el que no fue ajena la intervención de Chávez.
Al margen de la vidriera local, Chávez quiere subir al escenario a Evo Morales y al paraguayo Fernando Lugo, presidente electo, que estará en la cumbre a pesar de no haber todavía asumido. A Lugo, se afirma, Chávez lo ayudó financieramente durante la campaña electoral.
El venezolano quiere, en el acto de Tucumán, mostrarlo como otro integrante del eje con epicentro en Caracas y al que suma a la Cuba de los Castro, a Bolivia y al ecuatoriano Rafael Correa. Pretende, ahora, adicionar a esa lista al ex obispo del Paraguay.



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