Davos, Suiza (enviado especial) - Imposible imaginar que de una reunión de cinco días a la que concurren más de 2.500 invitados, miles de policías, miles de curiosos con y sin credencial periodística, pueda salir algo más que una agenda más abultada para el resto del año. Menos si el tema que convoca es grave y acertado en la elección: «Building Trust» (construyendo confianza). Este rótulo que enmarca todas las exposiciones desde ayer surge de una encuesta que hicieron los organizadores del Foro de Davos entre más de 13 mil empresarios y líderes (como le gustaría decir a Duhalde) de opinión de todo el mundo. La respuesta que dio la mayoría es que en el mundo actual no hay confianza para hacer negocios. Los ejemplos son crudos y explican algunas presencias. Primero, la crisis de empresas como las consultoras -la más conocida Arthur Andersen-o la Enron, cuya crisis reveló que sus gerentes se comportaban como burócratas de una nomenklatura cuyo único propósito era disfrazar ganancias inexistentes para justificar sus altísimos ingresos. ¿Son todas las empresas iguales?, se preguntan los tenedores de acciones que han visto licuarse todas sus inversiones; lo mismo que los empleados vieron desaparecer sus jubilaciones ligadas a la suerte de la empresa para la que trabajaban. Lo que quisieran escuchar los inversores en esta cumbre sobre la reconstrucción de la confianza es alguna clave que los desengañe de tanto capitalismo pardo. Ese que da ganancias a los ejecutivos que esconden pérdidas gracias -la metáfora es de Paul Krugman-no a la mano invisible del mercado, sino al apretón de manos entre el gerente y los auditores que hacen la vista gorda. El segundo ejemplo que apareció en esa encuesta es la suerte de las economías emergentes a partir del caso argentino. ¿Son todos en aquel barrio iguales? ¿Son todos los argentinos iguales? ¿Qué no nos dijeron de la Argentina que nos fue tan mal? Estas son algunas de las preguntas que se van a plantear el sábado en el «Argentine Outlook», mesa redonda a la que van los empresarios argentinos que lleguen, y a la que aún no ha confirmado su presencia Duhalde. Con Lula haciendo bardo con el plan del Hambre Cero a Duhalde le queda una hendija para tener su momento de lucimiento. A horas del acuerdo con la Argentina va a agradecer a los países que dice ayudaron a que se lograse esa firma, también a los empresarios que le dieron una mano a su gestión ante los organismos financieros internacionales. A horas también del desembolso que prueba la voluntad acuerdista dirá, aliviado, que el mundo debía entender la actitud de su gobierno en prolongar la negociación hasta este punto en el cual le deja abiertas todas las amenazas al gobierno que venga. No estará junto a él Roberto Lavagna, el hombre que fue ministro gracias a Raúl Alfonsín y que ha cumplido con sus mandantes, hasta con las empresas «culturales» que lo halagan con elogios a las que beneficia con el Fondo Fiduciario del que pocos quieren hablar.
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