La Argentina había recibido una fuerte inmigración europea que trajo todos los principios y luchas sindicales del Viejo Continente, más los anarquistas, más los marxistas entusiasmados porque en noviembre de 1917 acababa de instalarse el comunismo en Rusia, triunfante sobre el régimen zarista.
La Argentina con tanto sindicalismo emigrado de Europa era un país rico al que se quiso transformar en pivot mundial de las conquistas obreras. La jornada de 8 horas reclamada a Vasena, por ejemplo, no regía en el plano internacional aunque sí estaba la de 9 horas, como bien informaba la Unión Industrial Argentina.
También les exigían a los talleres Vasena un aumento salarial de 20% a 40% y de 50% para fiestas trabajadas que finalmente lograrían tras los luctuosos sucesos; que se respetara el descanso dominical único o que se lo abonara a 100% de recargo si era necesario producir; también que se terminara el trabajo a destajo (cobro según producción). El sector anarquista quería igualmente la derogación de dos leyes: de Defensa Social, contra las huelgas salvajes, y de Residencia, para limitar el ingreso como inmigrantes o poder expulsar del país a los que se considere líderes revoltosos provenientes de Europa. Los mismos anarquistas querían la liberación de su compañero Simón Radowitzky, preso desde 1909 por haber asesinado al jefe de la Policía de la Capital Federal, Ramón Falcón. El anarquista Radowitzky lo mató por considerarlo responsable de la matanza de varios obreros en el festejo anarquista del 1 de mayo de 1909. El gobierno conservador había venido desde 1880 a 1910, en pleno esplendor del país agroexportador por haberse producido el descubrimiento de los barcos frigoríficos que llevaban carne congelada junto con granos y traían adoquines europeos para no venir a cargar de nuevo con las bodegas vacías.
Talleres metalúrgicos Vasena era una empresa muy importante que empleaba a 2.500 trabajadores. Tras agotar la instancia negociadora con el abogado de la empresa y figura destacada del radicalismo, Dr. Leopoldo Melo, habían comenzado los paros. Melo había recurrido a una «asociación de trabajadores» que respondía a las patronales que la convocaban y por contrato les ofrecía personal especial rompehuelgas o «crumiros». Estos podían trabajar por los huelguistas o apalear a manifestantes, algo que sucedía muy habitualmente con los trabajadores del puerto, el gremio más influido por el anarquismo.
Como hecho previo, el viernes 3 de enero a las 5 de la mañana se produjo un primer incidente, cuando un camión de los Talleres Vasena conducía a trabajadores y fue interceptado a tiros por unos 50 huelguistas en Zavaleta y Aconquija.
El mismo 3 de enero, por la tarde, 7 chatas cargadas con materia prima con el mismo destino de los talleres fueron nuevamente atacadas por huelguistas. Allí hubo alrededor de 200 disparos con decenas de heridos y las primeras 3 víctimas fatales, aunque ajenas a los trabajadores: Vicente Vilat y Juan Balestrassi recibieron balazos mientras jugaban a las bochas en un local, y la transeúnte Flora Santos, ajena al incidente, recibió otro tiro mortal. Además, los huelguistas volcaron otras chatas con materia prima y cortaron externamente las líneas telefónicas del depósito de Pepirí y Santo Domingo. Destrozaron cañerías de agua y formaron barricadas con adoquines para resistir.
Tres días después, el lunes 6, la empresa pidió libertad de trabajo al Ministerio del Interior y se negó a cualquier reunión de conciliación con los huelguistas. El gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen dispuso que concurran bomberos armados a los talleres y policías del Escuadrón de Seguridad como protección de los camiones y chatas.
Al día siguiente, martes 7 de enero, explotaron con toda su furia los hechos y comenzó «la semana» porque las chatas protegidas continuaron avanzando hacia los talleres y se produjo un primer tiroteo que duró alrededor de 30 minutos y dejó un saldo de 4 obreros muertos, uno de ellos de un golpe de sable policial en la cabeza. Además, hubo 35 heridos, todos civiles. El gobierno ante esta violencia inicial obligó a una cita al empresario Vasena con delegados obreros que se concretaría al día siguiente.
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