Aunque anoche parecía levantarse el corte de la Ruta 3 en La Matanza,después de dos días de la clausura del tránsito en una vía nacional, el caso noparece zanjarse con una serie de concesiones que el gobierno De la Rúacontribuyó a dar por medio del intendente peronista Alberto Balestrini (curiosoaporte éste de la Casa Rosada para un hombre que, en principio, allí se losospechaba como uno de los posibles motores de la actividad piquetera).
Es que la multiplicación de cortes ayer continuaba en todo el país (vermás información en Ambito Nacional) y, dentro del gobierno, comienza aimaginarse que la conflictividad social de estos desbordes en verdad representaintereses políticos. Intereses, además, demasiado vinculados a la propiaAlianza oficialista. No era casual que, en referencia al caso de La Matanza,algunas organizaciones de izquierda vinculadas a los carenciados ayer advertíanque no estaban involucrados en esta organización y, en alguna medida, alertabanque no sólo pobres y desocupados integraban la protesta.
Protagonismo
Si bien hubo guerra entre delegados de Fernando de la Rúa y otros deCarlos Ruckauf, todos coincidentes en desligarse de la responsabilidad por resolverla situación y, al mismo tiempo, atribuyéndole culpa al otro por laproliferación de piqueteros, junto con el acuerdo de anoche también seaclaraban las participaciones protagónicas de los partidos. Parece queperonistas y radicales estuvieron al margen de estos episodios mientras quehombres del Frepaso, en cambio, aparecen vinculados a las manifestaciones.Todos los dardos, luego de dos días, recaen ahora sobre un concejal de esafracción de la Alianza, Luis D'Elía, y atrás de su figura complican a HerminioBayón, otro edil del mismo partido que tuviera amplia difusión en las últimaselecciones cuando se apartó de Mary Sánchez para respaldar en el distrito aPinky.
Con estos datos, entonces, el gobierno viró de su pelea inicial a unentendimiento con los peronistas, lo que parecía consagrarse anoche luego dedos jornadas donde l.800.000 personas de La Matanza no entendían el bloqueo deuna ruta nacional por parte de 200 piqueteros. Tampoco parecía entenderse deltodo el pliego de reclamos de estos manifestantes, más preocupados por demandarATN y planes Trabajar (esto es, dinero «cash») que en recibir alimentos o algúnconchabo laboral. Ahora, tanto la administración nacional como la provincialcomienzan a advertir que algunos de los aportes mensuales por los planesTrabajar --re-partidos por los organizadores de los cortesmás que satisfacernecesidades esenciales han servido para profesionalizar piqueteros, cuyamultiplicación a su vez se garantiza con la obtención de estos subsidios.
Cambio de óptica
El polo que aglutinaba a los manifestantes, hasta ahora, se canalizabacon agrupaciones cercanas al caudillo norteño Carlos «Perro» Santillán y otrasgremiales adheridas a la CTA de Víctor De Gennaro. Sin embargo, las mencionesespeciales de los dos concejales del Frepaso en el caso de La Matanza hacencambiar la óptica del análisis. Por lo menos, es una sorpresa para el gobiernoque optó por un entendimiento con el peronista Balestrini. Más allá dedeslealtades, solidaridades y afrentas políticas, la repetición de estosexitosos pique-teros comenzó a alarmar -sobre todo si son apoyados por algunossectores del mismo gobierno-, no sólo por su multiplicación en todo el país,sino porque además no se observaron señales de autoridad -al margen de lacomprensión del drama social-frente a la acción de grupos minúsculos quecomplican la actividad de enormes mayorías. En ese plano, aunque derivó a susegundo, Federico Storani no se destacó por aplacar o resolver la cuestión -enese plano fue más efectiva Patricia Bull-rich-y, mucho menos, la encargada deBienestar Social, Graciela Fernández Meijide, cuya partida a Francia en mediodel conflicto quizás la sumerja en su distanciamiento con De la Rúa. Tampocofue demasiado activo el rol de la administración bonaerense. Parte de lo quesu-cede en el país.




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