Los Kirchner abrazados, como víctimas, al rey
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Pero también mostrarse solidario con el rey de España explicando que el desaire de ayer del presidente del Uruguay no es sólo con la Argentina, sino con la investidura del monarca.
Mañana, suspendida la reunión de hoy con Tabaré -con quien limitarán los contactos a las reuniones protocolares-, los Kirchner tienen prevista una cita con el rey Juan Carlos en la que se hablará de todos los temas pendientes con España. Pero será dominante la sobreactuación del desaire del Uruguay, que da por tierra una facilitación que nunca aportó mucho, pero a la que se había comprometido a contribuir en la última reunión de los Fernández (Alberto y Gonzalo, jefes de Gabinete) con Juan Antonio Yáñez Barnuevo en Washington, en setiembre pasado.
Con este final, la administración de Néstor Kirchner termina sin haber contribuido a solucionar esta crisis. Más bien ayudó a que escalase, un absurdo y un error político incomprensible en quien alardea de conocerlo todo en política, porque a la Argentina le asisten todos los argumentos a su favor.
El que contamina es el Uruguay y con la ventaja que saca en el debate aprovecha las debilidades políticas de la administración Kirchner. Logró usar la vieja estrategia de victimizarse como país pequeño agredido por el grandote. Apalancó su posición de ventaja usando en su favor la lenidad del gobierno argentino -otra muestra de debilidad kirchnerista- ante los cortes de los puentes.
El tratamiento que le dio la Argentina al asunto ha sido tan desacertado como audaz y capciosa la posición uruguaya. Se dejó el gobierno local de Entre Ríos enredar en una querella local sobre quién había estado más distraído en su provincia ante el crecimiento de la «pipa» de Botnia, cuando nadie hablaba del tema. Fue antes de las elecciones de 2005, en cuyo calor de campaña surgió la polémica.
Kirchner esperó a que el tiempo enterrase la polémica, pero el agua le llegó al despacho; se dejó distraer por al astuto Busti, que se adueñó de la Secretaría de Medio Ambiente para poner a una abogada de su posición que tampoco aportó soluciones. La Cancillería puso abogado, viáticos y consignas nacionalistas absolutamente defendibles, pero que tampoco sacaron al país del problema. Botnia, que se asegura comenzará a funcionar (y eventualmente a contaminar el próximo lunes), siguió creciendo al ritmo de los escritos de los abogados que decían cómo no debió a crecer.
¿Puede creerse que este conflicto ambiental -hoy uno de los más graves del mundo- no ha sido sometido por ninguna de las partes a un proceso de mediación o facilitación técnicamente solvente? En los conflictos ambientales, los protagonistas discuten la vida o la muerte, transitan al borde de la violencia y generan liderazgos que compiten entre sí quién es más intransigente y supera la tibieza del antecesor. Son conflictos que no se resuelven en los tribunales porque no se trata de repartir cargas. Se trata de poner las cuestiones en un plano superior en el cual las partes imaginan el peor escenario, y también el mejor y el posible. Es cuando salen las soluciones. Nunca a Gualeguaychú ni a Fray Bentos fue un mediador solvente que sentase a las partes a escucharlos y comprometerlos en una solución. Sí fue más de un aventurero a sacar el beneficio del día sin pensar en el tiro del final.




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