Cuando Fernando de la Rúa dejó la reunión el viernes pasado a la madrugada, Domingo Cavallo se sentó en una PC que le habían acercado a su pedido y tecleó personalmente el texto del proyecto que fue al Congreso y que se aprobó con pocas (aunque importantes) modificaciones. Entre la 1.00 y las 2.30 de ese día, el ministro de Economía se convirtió en dactilógrafo con tal de controlar hasta la última coma la transcripción de lo que se había acordado en la reunión. Escribió personalmente las siete páginas del proyecto con 21 artículos que le fueron leyendo de a uno los innumerables papelitos que habían registrado tramos de la discusión. Aquí, una síntesis de lo que ocurrió en la noche más larga del año:
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* De la discusión participaron -como se informó entonces-no sólo De la Rúa, Cavallo, Chrystian Colombo y un grupo de diputados. En la mesa que se tendió para consumir una magra pero reiterada picada de jamón, queso, milanesas y lomo, todo frío y cortado en daditos, se sentaron en este orden: Raúl Baglini, Jesús Rodríguez, Mario Negri, José Gabriel Dumón (diputados radicales), De la Rúa, Cavallo, silla vacía para Chrystian Colombo (que llegó tarde de la casa del hijo de Raúl Alfonsín), Armando Caro Figueroa, José María Farré, (subsecretario de Ingresos Públicos), Juan Pablo Baylac (vocero), Leonardo Aiello (secretario privado), Nicolás Gallo (secretario general), Rafael Pascual, Eduardo Santín, Ricardo Vázquez, Horacio Pernasetti, Carlos Maestro, Manuel «Titi» Martínez (más diputados) y Ramón Mestre (ministro del Interior).
* Los radicales llegaron en pie de guerra contra Cavallo por lo que consideraron una provocación: un proyecto alternativo de ajuste que generalizaba el IVA y modificaba los precios de los combustibles. Cuando el ministro escuchó las primeras quejas ante lo que parecía un intento de él de llevar la tensión al límite, negó la paternidad del papel. «¿Yo les mandé ese papel?», se excusó. Lo recibimos de la Jefatura de Gabinete, eso dice el acápite del fax, se quejaron los diputados. Colombo no había llegado y Caro Figueroa puso su mejor rostro incaico, como de piedra, para negar que hubiera arrojado esa provocación.
* A medida que avanzaba la noche la discusión se centró en el monto del corte de los salarios y jubilaciones y en el pedido del gobierno de mecanismos para frenar los amparos judiciales contra las medidas del gobierno. Los diputados llegaron con la imposición de que los recortes debían hacerse desde los $ 1.000. Cavallo se puso de pie y, como tantas veces antes, amenazó con irse (no sabe nunca si eso es salir del salón, del edificio, del ministerio, del cargo o del país). «Eso es inadmisible, intolerable, no aguanta la economía», se enojó el ministro mientras arañaba en vano en un plato donde había habido quesitos. Explicó que el Decreto 896 habla de déficit cero y que el cálculo del corte se hará de acuerdo con el dinero que entre a mes vencido. La resolución del jefe de Gabinete que reglamenta la liquidación de sueldos determinó que este mes el corte sea de $ 500, «no nos podemos comprometer a más».
* Los diputados insistieron con los $ 1.000 pero De la Rúa, por una vez, también golpeó la mesa. «Por favor, hablamos de déficit cero, ¿estamos todos de acuerdo?» Sí, responde la barra. «Entonces no me pueden atar las manos, ¿cómo le van a poner una cifra a un salario si estamos diciendo que no vamos a emitir más deuda si no alcanzan los recursos?» Gallo actuó en ese momento como redactor de una fórmula de salida, que terminó imponiéndose en la redacción del art. 12º del proyecto: el gobierno, dice, garantizará -sólo garantizará, sin comprometerse taxativamente-cuando haya dinero el restablecimiento para los que percibían hasta $ 1.000 mensuales antes de las reducciones.
*Para convencerlos de que debían entender qué es un déficit cero, José Dumón, un radical de Buenos Aires con títulos jurídicos como para asustar a varios, ejemplificó, para que todos entendieran: «Esto es un concurso de acreedores. Hay tanta plata y se anotan los que quieran cobrar con ciertas reglas, si hay cesación de pagos hay un orden de prioridades y cobran según una regla. Pero lo que no se mueve es el déficit cero. Acá lo que hay que proteger es la reforma del Art. 34 de la ley de administración financiera y el déficit cero. Lo demás se puede conversar».
Otro debate terminal fue sobre el freno a los amparos. Cuando Cavallo insistió en la cláusula el rechazo más fuerte vino de Dumón. «Eso está en el borde de la inconstitucionalidad», se quejó.
Cavallo citó algunas anécdotas brillantes, como un juez de la Capital Federal que ordenó que el Estado ponga el dinero para que Aerolíneas pague los sueldos. «Una empresa en la que el país es socio minoritario y que además no funciona, ¿tendrá que endeudarse más para satisfacer a un juez?», dijo el ministro. Baglini citó otro caso doloroso para Cavallo, que fue amigo del implicado: «La empresa Yoma pide y le dan un amparo para que le liquiden reintegros de IVA cuando debe al Banco Nación». De la Rúa aportó otro amparo pintoresco: un juez de Mendoza, recordó, ha dado un amparo que le ordena al Poder Ejecutivo Nacional que se abstenga de dictar decretos, resoluciones y leyes sobre un tema determinado.
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