2 de abril 2007 - 00:00

Los tobillos ingleses

-"¿Entonces, tampoco pudo existir una falla de apreciación por parte del embajador Carlos Ortiz de Rozas en Londres sobre cuál sería la reacción británica?"

-Galtieri: "Con Ortiz de Rozas conversamos en dos o tres oportunidades. Me transmitió dos inquietudes, recuerdo. Una, que los ingleses recién estarían dispuestos a conversar seriamente sobre la soberanía alrededor del año 2000. El otro tema fue que, cuando le planteé la posibilidad de una invasión (aunque yo todavía no sabía la fecha porque esa charla data de febrero, cuando lo llamé para que se hiciera cargo de la negociación del Beagle), me dijo: 'Hay que evitar que, durante la invasión, no se le tuerza siquiera un tobillo a un inglés. Que no muera nadie'. De ahí, entonces, que estuvimos a punto de dar la orden de invadir con las armas descargadas". La pregunta se la hizo el autor al teniente general Galtieri el 29 de julio de 1982. Y aparece en un largo diálogo con el ex presidente en "Clarín" del 2 de abril de 1983. El autor estuvo con Galtieri después de la guerra en cuatro ocasiones. Al matutino "Clarín", el autor sólo le dio los textos de los primeros tres encuentros. El cuarto se lo reservó.

La cuestión del asesoramiento de Ortiz de Rozas, el autor se la hizo al ex presidente Galtieri porque días antes había estado con el ex embajador en Londres, en un diálogo en "off" (así lo consideró el autor), en el despacho del embajador Gustavo Figueroa.

Después de publicadas las declaraciones del ex presidente Galtieri en " Clarín", Ortiz de Rozas desmintió que hubiera realizado tal asesoramiento ("La Prensa", 5 de abril de 1982). 129

Según el ex secretario de Hacienda, Manuel A. Solanet, tiempo después de los episodios, "el general Galtieri me relató que en aquellos momentos de graves decisiones antes del 2 de abril, la Junta Militar consultó a una persona de nuestro cuerpo diplomático, bien informada sobre las cuestiones del gobierno inglés, su opinión sobre cuál sería la reacción británica luego de una ocupación argentina en las islas Malvinas. La respuesta, según Galtieri, fue que si no había derramamiento de sangre inglesa o malvinense, el conflicto se resolvería finalmente por la vía diplomática. De ahí surgió la consigna estricta... de que ningún defensor o habitante recibiera siquiera un rasguño".

En la segunda mitad de enero de 1982, el general de división Osvaldo Jorge García, comandante del Cuerpo V, visitó el Regimiento 25 de Infantería. Luego de algunas horas de inspección, le dijo a su jefe que quería hablar con él en Bahía Blanca. Durante un encuentro secreto en el comando del Cuerpo V, el 1 de febrero de 1982, el general de división García, en presencia del general de brigada Américo Daher (jefe de la IX Brigada de Infantería), le dijo al teniente coronel Mohamed Alí Seineldín, jefe del Regimiento 25 de Infantería: "He seleccionado a su regimiento, el 25 de Infantería para recuperar a nuestras islas Malvinas".

Seguidamente, García planteó condiciones: "Debo aclararle que esta operación se caracterizará por un aspecto muy importante, el que deberá ser tenido en cuenta de forma indefectible: ¡No deberán producirse bajas en las fuerzas inglesas ni en la población civil de las islas! Le repito, aunque nos las ocasionaran, se evitará producir bajas en el bando contrario. La intención del Alto Mando, con esta medida, es facilitar las acciones políticas posteriores. ¿Me entendió bien?" 130

Esa misma orden, Seineldín se la dio a sus oficiales, suboficiales y soldados que participaron de la invasión. Esa misma orden se la confirmó a Seineldín el contralmirante Carlos Busser a bordo del buque San Antonio, el 28 de marzo de 1982.

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