22 de agosto 2005 - 00:00

Maccarone: gobierno teme efectos de polémico video

El obispo Juan Carlos Maccarone renunció a su cargo al trascender el contenido comprometedor de un video tomado por un joven por venganza. Intervinieron el gobierno y el Vaticano en un intento de cerrar la crisis por el grave escándalo.
El obispo Juan Carlos Maccarone renunció a su cargo al trascender el contenido comprometedor de un video tomado por un joven por venganza. Intervinieron el gobierno y el Vaticano en un intento de cerrar la crisis por el grave escándalo.
Muy pocos fueron los prelados que, el jueves por la mañana, al enterarse de la renuncia del obispo de Santiago del Estero Juan Carlos Maccarone, se llamaron a sorpresa. Las presuntas desviaciones sexuales de Maccarone ya habían sido materia de una denuncia penal en su anterior destino, la diócesis de Chascomús, de donde fue desplazado repentinamente a pesar de la falta de pruebas de quienes lo acusaban. Además -y esto también volvió previsible el final de este obispo para sus pares-, Maccarone había adquirido un nivel de politización riesgoso tanto en su comunidad, enfrentándose al poder establecido durante años en Santiago, como en la Iglesia nacional. Ese alineamiento político fue el que lo convirtió en el diocesano escogido por la Casa Rosada cuando Néstor Kirchner resolvió que prefería escuchar la homilía del 25 de Mayo de boca de otro prelado que no fuera el cardenal Jorge Bergoglio. Esta dimensión del escándalo forma parte del mismo video que defenestró al sacerdote. Allí él aparece hablando de Néstor Kirchner, de Eduardo Duhalde, de los Juárez.

Lo cierto es que, cuando el padre Jorge Fernando Ramírez, secretario general y canciller del obispado de Santiago, terminó de ver el material en el que aparecieron registradas escenas de alcoba de Maccarone, le comunicó a su jefe la mala noticia y se puso en marcha el trámite de renuncia ante la Nunciatura Apostólica.

La filmación a la que asistió el padre Ramírez y que fue enviada a Roma desde las oficinas del nuncio Adriano Bernardini, consta de tres capítulos. En el primero, una voz en off entrevista al joven Alfredo Serrano («Fredo», para el obispo), quien detalla las relaciones que mantenía con el obispo desde hacía dos años y medio.

Mientras se desarrolla el relato, un monitor ubicado al lado de Serrano reproduce esas escenas. El joven confiesa haber filmado clandestinamente un encuentro con Maccarone. Dice que adquirió en Buenos Aires la cámara para hacerlo. Que lo hizo con ahorros, venta de bienes y ayuda de un hermano. Que el motivo fue la venganza -no el dinero, no la presión de alguien, aclara- por las sucesivas oportunidades en que Maccarone le había prometido conseguirle un trabajo, sin cumplir.

• Simulación

Serrano recuerda haber conocido al obispo hace 5 años pero que su trato carnal con él comenzó hace 2 y medio. Un dato importante para que se determine si hay o no un delito: hace 5 años este remisero santiagueño era menor de edad. Ahora tiene 23. El joven dice que introdujo esa cámara en un bolso simulando delante del obispo venir desde otro lugar desde el que trasladaba ropa. Comenta que siempre que se veían Maccarone estaba inquieto por la posibilidad de que hubiera alguna cámara filmándolo.

El segundo capítulo del video, el que hizo pensar al padre Ramírez que no había forma alguna de exculpar a su superior, exhibe las imágenes que aparecían en el monitor. El joven Serrano sobre el austero lecho del obispo -la cámara lo toma desde el ángulo inferior de los pies de la cama-, y éste a su lado, de pie, haciéndole masajes con un aceite, mientras le habla de la necesidad de relajarse.
Por supuesto, hay otros detalles fílmicos más íntimos que tal vez merezcan no ser mencionados.

El tercer capítulo del video encuentra al obispo y al joven a ambos lados del escritorio del despacho episcopal. El trato es cariñoso pero desprovisto de cualquier connotación íntima. El remisero trata al diocesano de «padre» (en las escenas del cuarto episcopal el trato es el mismo). Serrano hace hablar a Maccarone de sus reclamos por los derechos humanos en la provincia y el prelado se expide en contra del régimen reinante allí hasta la intervención (los Juárez) y cuenta que cuando viajaba a Buenos Aires para informar a Kirchner sobre esos abusos el Presidente se mostraba sorprendido e incrédulo. Finalmente, reconoce que Kirchner fue el único que hizo algo por la provincia en esa materia.

De manera abrupta, Serrano le imprime a la charla un tono de forzada agresividad hacia el final, cuando le reprocha a Maccarone no tomar en serio sus reclamos sobre un puesto de trabajo. El obispo ni registra esa recriminación y le rinde cuentas de un par de gestiones que realizó con funcionarios de la provincia. Este párrafo vendría a justificar lo que el joven remisero comenta en la presentación del caso: que Maccarone lo entretenía con promesas de empleo para tenerlo a su servicio a cambio de 10, 20 o 50 pesos que le daba de tanto en tanto. Esta parte del relato caracterizaría bien el motivo del escándalo. Serrano se comporta como una especie de taxi boy, igual que el joven que denunció al obispo en Chascomús, años atrás, con el mismo argumento de la presunta vejación en sesiones de masajes.

• Inquietante

El video motivo de la renuncia de Maccarone fue filmado el 4 de agosto. El 10, un diputado nacional de la intimidad de Olivos le informó a Kirchner lo que estaba ocurriendo. El 12 la Nunciatura ya estaba en conocimiento del hecho. Entre el miércoles y el jueves pasado, Bernardini tomó contacto con el prefecto para la Congregación de los Obispos, Giovanni Battista Re, y con el secretario sustituto de la Santa Sede, Leonardo Sandri, quien visitaba Alemania junto con Benedicto XVI. El Papa tomó noticia de los hechos en Colonia y, desde allí, formalizó la aceptación de la renuncia del obispo.

Para Roma, el escándalo de Maccarone se inscribe en un proceso inquietante. Por un lado, es uno de los pocos casos, sino el único, en que aparece una prueba sobre las desviaciones sexuales de un sacerdote. Como es sabido, el problema aqueja a la Iglesia universal, pero se hizo más evidente en los Estados Unidos, donde variosobispados están en quiebra por las demandas judiciales que debieron enfrentar en casos de abusos sexuales. Si bien la de Maccarone sería una relación homosexual con un adulto y no constituiría delito, es imposible sustraerla de aquel marco general.

Por otro lado, la situación del obispo forma parte de otro juego. El de una feroz interna política que tiene a los obispos católicos como protagonistas y víctimas, al mismo tiempo. Los amigos de Maccarone, que forman parte del ala «progresista» de la Iglesia argentina, enarbolan su militancia a favor de los derechos humanos y de la renovación política de Santiago del Estero como las razones por las cuales el sacerdote fue agredido.

Para sus detractores, el que estalló es un escándalo que no merece atenuantes. «Si por utilizar una metáfora Antonio Baseotto fue destrozado por el poder, ¿qué cabe hacer con un obispo con semejante conducta?», se preguntó ayer delante de este diario un encumbrado protagonista de uno de los bandos en pugna. Comparan el caso con el de monseñor Edgardo Storni, ex arzobispo de Santa Fe de orientación conservadora, quien fue obligado a renunciar por una denuncia de presunto abuso sexual que nunca fue probada.

Como es evidente, las predilecciones del gobierno nacional en la Curia argentina también quedan rozadas por el caso Maccarone. Sin embargo, esta dimensión del problema no es la que más inquietó al oficialismo durante el fin de semana. En Olivos la preocupación es otra: se trata de saber si el video que destrozó la imagen del obispo obligándolo a renunciar es el final o el comienzo de un proceso de convulsión en la provincia. ¿Habrá otros escándalos ligados ya no a la Curia sino a la intervención federal que dispuso Kirchner sobre Santiago? Quienes creen que detrás del video de Maccarone está el juarismo sospechan con vehemencia que la película, por decirlo de algún modo, recién comienza.

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