Mal debut para Kirchner: Chiche ya le dijo que no
Si la candidatura presidencial de Néstor Kirchner pareció desde su lanzamiento una aventura azarosa, los Duhalde ayer terminaron por darle ese cariz. Chiche, la primera dama, hizo saber a través del vocero presidencial que no acompañará al patagónico en la fórmula. Para el resto del PJ, provincial y nacional, que observa con inquietud el grado de compromiso de la pareja gobernante con Kirchner, fue una señal de malos augurios. Para peor, Daniel Scioli -que venía de pasar el fin de semana con los Duhalde-también relativizó sus ganas de acompañar a Kirchner. "Tengo más vocación por la Ciudad de Buenos Aires", dijo. Estos gestos, que se esperaban por lo menos para más adelante, debilitan al candidato. Ayer, como si fuera un espejo que adelanta, José Manuel de la Sota confirmó que desistirá de seguir en campaña. A él también lo lanzaron desde el duhaldismo, pero su carrera tuvo la fugacidad de una luz de bengala.
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Aun así ayer seguía abierta una puja de postulaciones para acompañar a Kirchner. Duhalde está interesado en medir a Alfredo Atanasof, su jefe de Gabinete, voz oficial del gobierno y en disposición de un capital electoral tan interesante como el que provee el gremio de empleados municipales de toda la provincia. Atanasof no abre la boca sobre el tema y sigue la estrategia de Chiche: «No puedo hablar de elecciones, estoy trabajando».
• Afinidades
Por otro lado, está la candidatura explícita de Aníbal Fernández, el ministro de la Producción. Le seguía Alberto Balestrini, intendente de La Matanza que tiene afinidades antiguas con Kirchner por su perfil centroizquierdista (posición ideológica que se hacía más ostensible en la época en que acompañaba a Alberto Pierri, con quien se enemistó más tarde). En el mismo lote figuraba ayer Juan José Alvarez, aunque sin demasiada pasión: seguía de vacaciones, fuera de Buenos Aires. Y también Julio Alak, el intendente de La Plata.
Vale hacer algunas aclaraciones, para los que puedan estar todavía poco advertidos. De estos cuatro últimos pretendientes a integrar la fórmula con «Lupín» ninguno es, a diferencia de Atanasof, duhaldista de paladar negro. Quien más se aproxima a esa condición es Fernández, aunque para los que conocen el conurbano siempre será determinante que pertenece a la «Vía Quilmes» -no Temperley, como los puros-, que está enfrentado con Eduardo Camaño, que en los alineamientos de matiz siempre tuvo más afinidades con Carlos «Rucucu» Ruckauf que con «Negro» y que tiene un futuro político propio, que excede los designios presidenciales.
El caso de Alak es más engañoso aún. Sencillamente, se trata de un antiduhaldista moderado -todo lo que puede serlo un intendente bonaerense- a quien el propio Presidente le estimula la interna en el distrito. Sin ir más lejos, ayer Duhalde pasó más de una hora con Pablo Bruera, precandidato a la intendencia enemistado con Alak, dialogando sobre el futuro del distrito.
• Juego propio
Ballestrini es otro «outsider» del duhaldismo, tiene su propio juego y sólo una complicidad incondicional: su animadversión por Menem, incentivada por la oposición local con Pierri. Tal vez sería el hombre a quien elegiría Kirchner si tuviera las manos libres.
Alvarez, el ministro de Justicia, se parece a los anteriores (por algo formó con Alak y Ballestrini el grupo de «los tres mosqueteros», con los que «Rucucu» en su momento quiso independizarse de Duhalde, en 2000). Aunque en sus antecedentes pesa un pecado más grave: enfrentó al oficialismo provincial en las internas de 1999, cuando servía a Carlos Menem organizando la campaña de Antonio Cafiero en contra de Ruckauf, con Pierri y Carlos Corach como socios.
Las deserciones de ayer, al lado de Kirchner, no llegaron en el mejor momento. Debilitan al candidato en un momento crucial, que es cuando todo el duhaldismo se prepara para las grandes determinaciones: mandar al PJ a la abstención y fragmentarlo en varios proyectos electorales para que ninguno de sus pretendientes (en rigor, Menem) pueda ganar los comicios en primera vuelta.




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