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28 de julio 2008 - 00:00

Malvinas: identificarán los restos de caído en 1982

El Reino Unido comisionó a un alto oficial que acompañó los despojos desde las islas hasta el continente. El gesto implica un reconocimiento sin precedentes en las honras militares.

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Gran Bretaña devolvió, sorpresivamente, la semana pasada a la Argentina los restos de un militar caído en la Guerra de Malvinas. Fue en un vuelo que hizo la ruta Puerto Argentino- Río Gallegos, abierta sólo para casos excepcionales.
Un Airbus 320 de la empresa Lan Chile, matrícula LAN 992, despegó desde la pista de Puerto Argentino (Mount Pleasant) a las 17.35 (hora local argentina) del sábado 19 de julio con destino a Río Gallegos, provincia de Santa Cruz. El avión transportó en su cabina los despojos mortales de un veterano criollo que serán identificados por el Equipo de Antropología Forense dependiente de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

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La discreta operación humanitaria se cumplió con la participación directa de un alto oficial del Reino Unido, quien vestido de uniforme de gala acompañó los restos en todo el trayecto desde las islas Malvinas hasta el continente.

Los despojos mortales, que se reducen a un hueso, hallado en la playa cerca de Fitz Roy en 1986, fueron retenidos -sin explicación- por la policía de Malvinas (Royal Falkland Island Police). Y, por razones que ahora son materia de una investigación local ordenada por la administración británica, la novedad no se comunicó en aquella oportunidad al gobierno del entonces presidente Raúl Alfonsín.

El episodio recién salió a la luz -este diario dio la primicia- el 20 de mayo pasado. El gobierno de Londres remitió una carta de disculpas firmada por la subsecretaria de Estado Meg Munn, dirigida a Jorge Taiana. A partir de ese momento, ambas cancillerías comenzaron la tarea de trasladar los restos óseos (un fémur con material de buzo de vuelo adherido). La iniciativa la tomó el coronel británico Allan Thomson junto con el secretario de Asuntos Militares del Ministerio de Defensa, Alfredo Forti. En un segundo plano, el ministro de primera, Guillermo Rossi, encargado de la dirección Malvinas de la Cancillería, monitoreó el desarrollo de la operación.

Thomson es un coronel de la infantería de marina británica, funcionario adjunto del embajador John Hughes, en la sección de Defensa, y entre sus múltiples actividades actúa como oficial de enlace con las organizaciones de veteranos y asegura el mantenimiento de las tumbas de guerra. Thomson sabe de qué se trata. En el conflicto soportó el asedio de los cazas de la Fuerza Aérea Argentina en días previos al desembarco inglés en el estrecho de San Carlos.

Tras el arribo de los restos al aeropuerto de Santa Cruz, la Fuerza Aérea dispuso honras fúnebres y envió un avión Fokker F-28 que continuó el traslado desde Río Gallegos hasta el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery.

Cosas de la política exterior, el coronel británico no pudo viajar en la aeronave militar argentina a pesar de que se le invitó a bordo. La Cancillería criolla por cuestiones de reclamaciones, reserva de derechos soberanos y construcciónde antecedentes, objeta el arribo directo al continente desde Malvinas de cualquier nave militar inglesa (en este caso es un uniformado). Deben hacer escala en un tercer país antes de entrar al territorio nacional; así, Thomson siguió viaje hasta Santiago de Chile para cruzar luego a Ezeiza en vuelo comercial.

La urna de madera lustrada, de 45 por 15 centímetros de longitud, fue depositada en la Cancillería. Fuentes diplomáticas relataron que tenía una placa de bronce en la cara superior con la siguiente inscripción: «Bone Remains (one bone) of Human Origin. Discovered in the Falkland Islands. Islas Malvinas in 1986».

El vicecanciller, Victorio Taccetti, pidió celeridad al equipo forense encargado de lograr la identificación de los restos. A cargo del caso quedó la antropóloga María Rodríguez Calderón. Las previsiones hablan de 20 días para obtener un resultado comprobado y de 30 para que sea publicable a los deudos. Los departamentos de veteranos y de estudios históricos de la Fuerza Aérea repasaron documentos de la guerra y los partes de abatidos. Las probabilidades señalan que el hueso sería de un oficial tripulante de vuelo.

El lugar del hallazgo coincidiría con el sitio donde cayó un avión Canberra. También se especula con la posibilidad de que el fragmento óseo pertenezca al piloto de uno de los dos cazas A4-B Skyhawk que fueron abatidos en proximidades de Choiseul Sound en isla Soledad.

Luego de la identificación, los despojos retornarían para su descanso en el cementerio de Darwin, si así lo disponen sus familiares, y se utilizará una aeronave de la Cruz Roja Internacional para el traslado a las islas.

«La mejor manera de rendir homenaje a nuestros seres queridos es sepultarlos en la tierra por la que pelearon; allí encontrarán la honra y la recordación eterna de todos los argentinos.» «Disponer que los despojos mortales ocupen su lugar en la tierra malvinera es un mandato que corresponde sólo a la familia del caído. Ni la Cancillería, ni el gobierno nacional, ni ninguna autoridad internacional pueden contravenir el sentimiento de los deudos», expresó a este diario Héctor Cisneros, presidente de la Comisión Nacional de Familiares de Caídos en Malvinas. Esa ONG nació en la posguerra y fue la creadora, organizadora y realizadora del cementerio y monumento a los 649 muertos que yacen en Puerto Darwin, un predio ubicado a 80 kilómetros del centro urbano de la isla Soledad. Leandro de la Colina, hijo del vicecomodoro Rodolfo de la Colina, piloto de la Fuerza Aérea abatido en su Lear Jet el 8 de junio de 1982, fue uno de los tantos deudos que eligió Malvinas para el descanso de su padre.

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