3 de enero 2002 - 00:00

Manzano hambriento: Defensa y SIDE

José Luis Manzano instaló anoche la mesa de operaciones en el restorán La Raya, en el barrio porteño de Palermo. Desde allí, a buen recaudo de un espontáneo cacerolazo, intentaba mover por control remoto las fichas del nuevo gabinete de Eduardo Duhalde.

Devenido en anfitrión, Manzano se rodeó de sus amigos Miguel Angel Toma y Carlos Soria, e incorporó como interlocutor al ortodoxo del peronismo de Lomas de Zamora, José Pampuro, que tiene el privilegio de ser el único a quien el flamante presidente designado le hizo una oferta que no podía rechazar. «Elegí el cargo que te guste, Pepe», lo convidó anteayer, antes de que la Asamblea Legislativa lo consagrara sucesor de Adolfo Rodríguez Saá. Parecía el invitado adecuado para negociar sillas en el gabinete.

Los intereses manzanistas estaban puestos en dos áreas clave, la SIDE y Defensa. Por supuesto, los candidatos para ambos cargos estaban presentes. Toma aspiraba a administrar la «caja» de los militares.

Como jefe de los espías, el ex ministro del Interior promovía al diputado rionegrino (aunque mudado a los pagos de Duhalde) Soria. Curiosamente, Pampuro había sonado durante toda la jornada como el próximo «señor 5». Hacia los postres parecia haberlo logrado.

Soria estaba molesto porque se había echado a rodar el rumor de que podría transformarse en el sucesor de Juan Pablo Baylac en el rubro vocero gubernamental. El bajo perfil de la SIDE le resultaba más atractivo.

• Competidor

Además de Pampuro -que podría terminar en la privada de Duhalde-, Soria tenía otro competidor para quedarse con el despacho que ocupó Hugo Anzorreguy: Jorge Villaverde. El cacique de Almirante Brown y hombre de confianza de Duhalde contaba con un antecedente de peso para ocupar el cargo: alentó las sospechas por supuestos sobornos pagados por la SIDE al Senado, en julio y agosto de 2000, y objetó la polémica reforma laboral, aunque votó a favor.

El último funcionario en el puesto, bajo la presidencia relámpago de Rodríguez Saá, fue su comprovinciano Carlos Sergnese, uno de los pocos peronistas que se opuso a la reforma y habló de escándalo. Villaverde era el sucesor adecuado que podía proponer el duhaldismo.

Mientras Manzano tejía, oficiaba de testigo involuntario Ramón Puerta, quien llegó al local para comer con unos amigos y contemplaba los reclamos a distancia prudencial. Por si fuera poco, cerca de la medianoche, desembarcó otro mendocino, Rodolfo Gabrielli. El ministro del Interior ratificado ayer por Duhalde, después de que desempeñó el mismo cargo con Rodríguez Saá, trató de hacerse el distraído pero no le quedó otra salida que abrazarse con Manzano como si fueran viejos amigos. Por lo menos, tenía la tranquilidad de «Chupete» que no tenía todavía candidato para la cartera política.

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