21 de diciembre 2007 - 00:00

Más moderada Cristina con militares jóvenes

La presidente Cristina de Kirchner mostró su cara diferente: la de la conciliación. Lo hizo en la entrega de sables a los nuevos cadetes militares en El Palomar. Al partir, debió cambiar de helicóptero porque en el que arribó tenía una falla mecánica.
La presidente Cristina de Kirchner mostró su cara diferente: la de la conciliación. Lo hizo en la entrega de sables a los nuevos cadetes militares en El Palomar. Al partir, debió cambiar de helicóptero porque en el que arribó tenía una falla mecánica.
Cristina de Kirchner se desmarcó ayer de su esposo Néstor durante la ceremonia de egreso de nuevos cadetes militares en El Palomar al ensayar un discurso conciliador hacia las Fuerzas Armadas.

A diferencia del ex presidente, quien aprovechaba este tipo de ceremonias para estigmatizar incluso a las nuevas generaciones de uniformados por los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, la nueva jefe de Estado relativizó ayer la responsabilidad de los militares por esos crímenes al afirmar que «no fueron solamente las Fuerzas Armadas fueron también desde afuera y desde adentro los que empujaron y apoyaron muchas veces esas rupturas institucionales».

Además, hizo un elogioso repaso por los últimos 200 años de vida de la fuerza y circunscribió los delitos cometidos por los militares a una etapa que definió como «decadencia institucional». Durante la tradicional entrega de sables realizada en el Colegio Militar, la Presidente llamó a los nuevos cadetes a comprometerse en «la construcción de una institución militar diferente», dejando atrás los «desatinos y tragedias del pasado».

«Cadetes y cadetas, que en esta etapa que se avecina del Bicentenario, tenemos todos la inmensa responsabilidad de remontar la tragedia que hemos vivido, de hacerlo con memoria, con verdad y con Justicia como corresponde en el marco de la Constitución, de sus jueces y de sus leyes», afirmó Cristina enceguecida por los flashes de fotos de familiares y amigos que colmaron el lugar para presenciar la primera entrega de sables a cargo de una presidente mujer.

  • Discurso

  • «No se me escapa tampoco que durante la etapa de lo que denomino la decadencia institucional y la ruptura de los golpes de Estado, no fueron solamente las Fuerzas Armadas (...) fueron también desde afuera y desde adentro los que empujaron y apoyaron muchas veces esas rupturas institucionales», fue el conciliador discurso, quien estuvo flanqueada por el titular del Estado Mayor Conjunto, Jorge Chevallier; la ministra de Defensa, Nilda Garré, y los jefes del Ejército, Roberto Bendini; de la Armada, Jorge Godoy, y de la Fuerza Aérea, Normando Costantino. Por el gobierno estuvieron presentes el vicepresidente, Julio Cobos; el canciller, Jorge Taiana; los ministros de Interior, Florencio Randazzo, y de Justicia, Aníbal Fernández.

    El discurso de Cristina de Kirchner transcurría en calma hasta que se escuchó el grito de «Larrabure», supuestamente en referencia al mayor del Ejército, Argentino del Valle Larrabure, secuestrado y asesinado en 1974 por la guerrilla. La ex senadora casi no se inmutó, apenas un gesto, levantó su mirada hacia los presentes y de inmediato continuó con su alocución.

    «Nos debemos todos los argentinos escribir una historia diferente. Muchas veces nos han presentado la historia fragmentada, como desconectados los hechos, tal vez, para que no podamos entender y entonces al no entender, al no comprender, se provoquen historias que han sido trágicas para todos los argentinos», explicó la Presidente. Y agregó que se sentía convencida de que «vamos a darnos Fuerzas Armadas con un rol moderno, contemporáneo, profesionales, de cooperación, con un modelo de desarrollo económico, social e institucional que tiene el lugar que la Constitución asigna».

    Este año, en el segundo egreso conjunto de la nueva estructura militar, egresaron 198 subtenientes (Ejército), 74 guardia marinas (Armada) y 57 alféres (Fuerza Aérea).

    Del Ejército se graduaron 11 mujeres; 7 de la Armada y sólo una de la Fuerza Aérea. Al término de su discurso, entregó los sables de egreso a los nuevos oficiales con jerarquía de subtenientes, guardiamarinas y alferes. Pero no pudo regresar en el mismo helicóptero en el que había llegado por un «desperfecto técnico en los arrancadores» por lo que debió abordar una aeronave Bell.

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