Kirchner presidó el acto por los caídos de la Policía Federal. En momentos de la invocación religiosa, junto al comisario Eduardo Prados, Aníbal Ibarra y Gustavo Béliz.
Casi como un primer gesto displicente a su favor, la Policía Federal tuvo que esperar nada más que media hora a Néstor Kirchner, habitualmente impuntual aunque lo lleven en helicóptero, quien ayer presidió el acto en el que los azules recuerdan anualmente al personal muerto en acción. No hubo, sin embargo, una sola mención a la toma de la Comisaría 24ª en la Boca a manos de los piqueteros del transversal Luis D'Elía. Quizá por ello el personal policial tanto en actividad como retirado coincidió en que el Presidente estuvo conciliador en su mensaje, tras sus habituales referencias al «gatillo fácil».
• Interpretación
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Sin embargo, Kirchner fustigó en su discurso a quienes delinquen con el uniforme policial y convierten a la institución en instrumento de ambiciones sectarias. El Presidente llamó a «evitar la existencia de malos funcionarios, de malos policías que empañan la imagen de una institución que tiene en sus hombres una gran mayoría de personas de bien, con deseos de cumplir fielmente su función de ciudadanos». De este modo se interpretó que quiso bajarle el tono a su afirmación, en pleno conflicto por la 24ª, de que no confiaba en una « policía de gatillo fácil».
En la conducción de la Federal -muy sensibilizado el frente interno, que no perdona que se haya tomado una comisaría en forma impunepreocupa mucho el número de caídos en los últimos cuatro años: de 2000 a 2003 son 164 los policías muertos (más de 40 de promedio anual), frente a la media de poco más de 7 registrada entre el '83 y el '99.
El Presidente habló en las primeras horas de la tarde de ayer frente al monumento denominado: «La Policía Federal a sus caídos en cumplimiento del deber», en avenida Figueroa Alcorta y Monroe, donde se rindió homenaje a los caídos en presencia de viudas y familiares. Ante las autoridades de la Policía Federal y de todas las fuerzas de seguridad federales, Kirchner llamó a «impedir que exista la menor desviación en el cumplimiento de su deber de parte de quienes desarrollan la tarea policial».
«Quienes delinquen desde la función policial no sólo afectan la eficacia de la labor de la fuerza, enlodan la institución y con su acción comprometen un prestigio que debemos preservar de esta policía compuesta por una inmensa mayoría de gente decente y abnegada», afirmó en otro párrafo.
Junto al primer mandatario llegaron Aníbal Ibarra; Alberto Fernández; Gustavo Béliz; el jefe y el subjefe de la Policía Federal, comisarios generales Eduardo Prados y Néstor Vallecca, así como la plana mayor de la institución y familiares de los policías asesinados por el accionar de la delincuencia.
• Presencias
También presenciaron el acto Roberto Lavagna; el secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zanini; el secretario de Seguridad, Norberto Quantín; Abel Fleitas Ortiz de Rosas; el tan cuestionado subsecretario de Protección Civil, José María Campagnoli; el legislador porteño Jorge Enríquez (Compromiso para el Cambio); el jefe de la Gendarmería, Eduardo González; el de la Prefectura Naval, Carlos Fernández, y el del Servicio Penitenciario Federal, Ramón Vargas. También concurrió en representación del Ejército el general Gonzalo Palacios.
« Necesitamos una Policía con sujeción a reglas de juego claras, que maneje principios dignos y cristalinos, sin dobles mensajes ni intenciones subalternas y sin convertir a la institución en instrumento de ambiciones sectarias o inconfesables», resaltó el Presidente.
Kirchner entregó en el acto el máximo reconocimiento anual que rinde la Policía Federal a un policía fallecido: la Medalla Púrpura, que recibieron este año los familiares del oficial inspector Rubén Antonio Pennella. Este pertenecía al departamento Delitos Complejos y murió el 29 de octubre de 2003 cuando el auto en el que perseguía a unos secuestradores que habían cobrado un rescate volcó y se incendió en la localidad bonaerense de Pablo Nogués.
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