Roberto Lavagna recibió ayer a las 8, cuando aún no había salido de su domicilio en Saavedra, un llamado desde la Quinta de Olivos. Néstor Kirchner quería que el ministro de Economía lo acompañase al viaje que haría a la localidad santafesina de Rafaela para un acto político estándar, evento que luego se suspendió por la amenaza de serias tormentas. El Presidente quería una foto donde él embistiera nuevamente contra el Fondo Monetario Internacional (FMI), con las teorías que en los últimos días estuvo recibiendo de parte de varios economistas provenientes del Plan Fénix (fundamentalmente,Aldo Ferrer), y donde Lavagna estuviera avalando sus dichos en un discreto segundo plano. El fin era doble. Demostrar que no hay problemas con su ministro y que éste comparte esas teorías sobre el Fondo.
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Lavagna tomó nota de la invitación y a las 9 ya estaba sentado en su escritorio del Palacio de Hacienda esperando la orden para cruzar la calle HipólitoYrigoyen y llegar hasta el despacho de Kirchner para luego tomar el avión hacia Rafaela. No pudo ser, y la nueva fecha se fijó para el 20 de febrero. Sin embargo, Kirchner igual confirmó la reunión con su ministro y a las 10.30 Lavagna ya estaba en el despacho presidencial.
Mientras tanto, los rumores comenzaban a circular y apuntaban a que Kirchner armó el encuentro para despejar dudas sobre la continuidad del ministro. En realidad, nadie duda de la permanencia de Lavagna, al menos para los próximos meses. Lo que no pudo lograrse es que se despejen otros rumores que apuntaban sobre la continuidad del secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen. Hacia este funcionario apuntan las mayores críticas de los asesores políticos del Presidente.
• Irritación
La posición no es nueva. Ya desde los primeros días de Kirchner en la Casa Rosada, la actitud algo soberbia de Nielsen generaba irritación en varios de los hombres de confianza del jefe de Estado. Sin embargo, la balanza negativa comenzó a ampliarse desde la reunión de enero entre Kirchner y Horst Köhler y George Bush en Monterrey. Los dos hombres le reflejaron al Presidente en ese ámbito que no había avances en las negociaciones con los acreedores y que la paciencia frente a los funcionarios encargados de llevarlas adelante por la Argentina estaban al límite. A Nielsen se lo responsabilizó desde esos días por los retrasos y las críticas de los acreedores. También se lo señaló por los errores de pronóstico en el manejo de la situación que sobrevendría con el exterior y que derivó, por ejemplo, en las inhibiciones de bienes argentinos en Washington. Se recordaba, por ejemplo, que Nielsen se dedicó a asegurar a quien lo quisiera escuchar que esos bienes no corrían peligro, que las inhibiciones no iban a aparecer y que en última instancia el juez Thomas Griesa dominaría la situación. Nada de eso ocurrió, y la embajada argentina en Washington se sorprendió el martes con las inhibiciones de Maryland.
También se reponsabiliza a Nielsen de no haber avanzado en la creación del sindicato de bancos, la señal de «buena fe» que buscaban desde el exterior desde hace más de 20 días.
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