Dos decisiones clave se adoptaron ayer en el Hotel Presidente, donde estuvo congregado el comando principal del menemismo. La primera, que en principio Carlos Menem no concurrirá al congreso de Lanús. Durante la mañana se examinó esa posibilidad, que tenía algunas ventajas evidentes como la de mostrar al riojano como un jefe que comanda a su tropa y da la cara, provocando la comparación obligada con Eduardo Duhalde, quien hasta ahora viene apostando al vicario Néstor «Lupín» Kirchner.
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Otro dato que entusiasmó a los seguidores del riojano fue la posibilidad de recrear la memo-ria: ubicarlo a Menem en el mismo lugar de víctima que ocupó en el congreso del Teatro Odeón (1985) cuando fue castigado físicamente por el sector que no quería las internas ni el voto directo de los afiliados (imagen con la que quedaría identificada la mayoría de la asamblea).
Sin embargo anoche la mayoría se inclinaba por evitar que el ex presidente asista. Temor por cuestiones de seguridad y a agresiones personales que, aun de manera verbal, se podrían desencadenar en un trance de gran tensión. La otra decisión que se adoptó ayer en el menemismo fue desautorizar cualquier movilización de simpatizantes. «Es un rumor que hacen correr los de Duhalde, para llevar gente con camisetas nuestras, hacerles cometer desmanes y echarnos la culpa», explicó ayer uno de los organizadores de la estrategia pro internas del ex mandatario.
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