Menem y Duhalde en el mismo avión
Ayer, fue Daniel Scioli el primer miembro de la comitiva oficial del país en prosternarse ante el cuerpo yacente de Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro. Hoy, la delegación argentina se animará con dos presencias sorpresivas y que viajaron anoche desde Buenos Aires: los ex presidentes Carlos Menem y Eduardo Duhalde.
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Daniel Scioli,
Eduardo
Duhalde,
George
Bush, Luiz
Inácio Lula
da Silva, Bill
Clinton, rey
Juan Carlos,
Carlos
Menem y
Néstor
Kirchner.
• El momento por el que transcurre la lucha interna del PJ convierte a la involuntaria «cumbre» Menem-Duhalde en una ocasión propicia para que ambos crucen alguna palabra sobre un problema que desde comienzos de esta semana está expuesto en la mesa del bonaerense. Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados y también del congreso nacional del PJ, es la única autoridad constituida de ese partido. En ese carácter, recibió de la jueza federal con competencia electoral, María Servini de Cubría, una requisitoria para que el peronismo comience a regularizar su acefalía, precipitada cuando Kirchner descabezó la cúpula establecida en el congreso de Parque Norte. Fue el que dio marco a aquella discusión, hoy premonitoria, entre Cristina Kirchner y Chiche Duhalde, que Aníbal Fernández calificó como «pelea de alta peluquería». Que la doctora Servini reclame por la normalización del PJ no puede ser más oportuno para los dos peregrinos de Aerolíneas. A Menem lo respalda en la campaña que lanzó junto a Adolfo Rodríguez Saá a favor de una interna partidaria en la que se legitime una jefatura a través del voto de los afiliados. Y a Duhalde le da la posibilidad de, mirando para otro lado, habilitaresa disputa que pega directamente en el corazón del poder: si algo no desea el presidente de la Nación es que lo sometan a una pelea, para él extemporánea, por la jefatura de una organización política donde su liderazgo sigue siendo dudoso. ¿Será éste el Pacto de San Pedro? Si se da fe a las versiones que circularon en el entorno de ambos presidentes -todas ellas interesadas y, si se quiere, exageradas-, es altamente probableque la común estadía en Roma facilite un entendimiento sobre la instalación de una nueva jerarquía en el peronismo.
• Menem y Duhalde dialogarán con encumbrados cardenales, según una agenda que preparó Caselli durante la tarde de ayer: el ex embajador es «Gentiluomo del Santo Padre», dignidad que el papado concede a pocos laicos y que convierte a este argentino en uno de los protagonistas de la liturgia funeral de Juan Pablo II (los «gentiluomini» son señores que secundan a los prelados durante las grandes solemnidades, vestidos de frac y -en esta ocasión- con condecoraciones).
Mientras los dos ex presidentes participan de estas pacíficas celebraciones, en sus territorios seguirán las guerras. El sábado, Chiche Duhalde visitará La Matanza, aprovechando que el dueño de casa, Alberto Balestrini, estará en Mar del Plata en el lanzamiento de Cristina Fernández de Kirchner. Mientras preparaba la excursión, ayer, la diputada mostró una encuesta como si fuera una daga: «80% del electorado cree que Cristina debe ser candidata por Santa Cruz, no cambiar de distrito. La gente la valora mucho por su ética y no está claro por qué incurriría en una defección». Al mismo tiempo, varios duhaldistas de la quinta sección electoral comenzaron a maquinar la recepción que le darán a los seguidores de Kirchner el sábado, en «La Feliz», con carteles y solicitadas.
• Sin embargo, la guerra bonaerense, ya lanzada, no agotará los comentarios que se escuchen en Roma. Algo se destilará también sobre La Rioja. ¿O Duhalde no se va a tentar con contarle a Menem la visita de Jorge Yoma a Lomas de Zamora, el viernes pasado, para llorar con amargura la indiferencia de Kirchner y el apoyo de la Casa Rosada al gobernador Angel Maza? «No vengas a quejarte acá, ¿o no ves lo que me hacen a mí?» contestó Duhalde. Una respuesta que no podrá darle a Menem, salvo que quiera arriesgarse a una respuesta irónica: después de todo, Kirchner está en el poder casi exclusivamente por la guerra mortal que llevaron adelante por una década estos dos viajeros del Papa.




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