Se sentaron a la mesa para recitar el credo que se profesa en la casa. «Ya está ganado, la verdad que Néstor hizo una gran elección» dijo Armando Cavalieri, conocido entre los suyos como «el Gitano», acostumbrado a bendecir a quienes tienen posibilidades con el poder desde la década del '60. Junto a él, «los Gordos» de la CGT: Carlos West Ocampo, José Pedraza, Oscar Lescano y Rodolfo Daer. En la cabecera, sirviéndoles el vino como buen anfitrión, Eduardo Duhalde, a quien tratan como uno de ellos desde los tiempos en que el Presidente militaba en las «62 Organizaciones» de Lomas de Zamora como dirigente de los municipales.
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«Mirá si 'la Gorda' se entera de que estamos acá, adhiriendo al Flaco» dijo uno de los «gordos», jugando con las palabras y refiriéndose a Elisa Carrió. La gracia tenía un fondo de verdad: Carrió ya «cantó» su voto por Kirchner y ahora debe mortificarse con cada uno de los añadidos que vienen con el candidato a quien anoche mismo, en un programa de TV, acusó de haber pagado encuestadores para manipular sondeos en su contra.
La entrevista había sido gestionada por Cavalieri con José Pampuro, el secretario general de la Presidencia y médico especializado en alta complejidad desde que le dejaron a su cargo los programas especiales de la Superintendencia de Salud. Los gremialistas querían felicitar al Presidente por haber conseguido que «Néstor», como ya lo llama Cavalieri, haya entrado a la doble vuelta.
El Presidente los recibió eufórico: «Ya se inclinó la balanza. Tengo encuestas de todos lados. Ganamos 65 a 35, muchachos». Ellos sonreían, como sonreirán delante de Menem si las cosas se dan vuelta en una semana. Pero Duhalde los convenció de que eso no sucederá y les regaló una muestra gratis de su análisis político: «Carlos tiene un piso alto, pero un techo bajo» arrancó, con metáforas de maestro mayor de obras. Y siguió diciendo que «en el conurbano lo hicieron equivocar, no lo caminó, se pelearon entre ellos, les salió todo mal». Hubo un breve comentario sobre «Beto» Pierri (siempre en el duhaldismo conocen sus pasos) y el Presidente remató, perdonavidas: «Carlos confió en los demás y lo cagaron».
«Los Gordos» asentían, ahora más ansiosos. Todo venía muy teórico y ellos estaban allí para hablar de «efectividades», como diría don Hipólito Yrigoyen. Cavalieri no aguantó más e introdujo el tema: «¿Alfredito irá a Trabajo?». Hablaba de Atanasof. Duhalde elogió a su jefe de Gabinete como pocas veces lo hizo con ningún funcionario, pero después aclaró: «No, no puede ser que repita. Va a ir a otro lugar, creo que a la provincia». Alguien aclaró que, en un eventual gabinete de Kirchner, a Trabajo podría ir Carlos Tomada, quien secundó a Atanasof ya en esa cartera.
Sólo un ingenuo podría suponer que los «gordos» se preocuparon porque no les dieran esa cartera. Del almuerzo con Duhalde salieron encantados. El Presidente les dijo que «no quiero poner muchos ministros para que no se diga que el de Néstor será un gobierno duhaldista. Estarán Lavagna y Ginés (González García)». Eso sí se festejó. El ministro de Salud es una concesión a la CGT desde la primera hora y el área la comparte González García. Por eso ayer estaban eufóricos Néstor y María Pía Vázquez, los encargados de controlar a nombre de Pampuro el área de subsidios a los sindicatos de la Superintendencia: «Nos quedamos, ahora sí se va a manejar como corresponde todo esto» repitió Vázquez frotándose las manos.
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