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Desde que Hernán Corach, durante la década Menem, normalizó a manotazos la JP, ese terreno no volvió a ordenarse. Actualmente, como ocurre con el propio PJ, la Juventud Peronista no tiene conducción nacional: sólo una Mesa Federal con referencias ambiguas.
Gustavo Ferri, diputado nacional y yerno de Duhalde, y Mariano Cascallares, hoy director nacional de Juventud (DINAJU), florecen en la conducción de esa JP con referencia inevitable en el peronismo de Buenos Aires, pero acompañando «al presidente Kirchner».
Sin tensión extrema con Ferri, pero con diferencias, asoma una línea patagónica. Ernesto Fassola, ex chofer de Kirchner y capitán de la JP de Santa Cruz anotó su Frente Joven.
Fassola habla de «vínculo directo con Néstor», pero visita asiduamente las oficinas de Larcher.
Entre pingüinos y bonaerenses hay conexión, y hasta podría definirse una alianza virtual si se tratara de arrinconar a los porteños «Jóvenes K». Un paralelismo adecuado sería leer cómo se mueven en el gabinete nacional los ministros con esas pertenencias territoriales.
En el capítulo JUP, a su vez, hay dos vertientes autorreconocidas como oficiales. Alejandro Alvarez (h) comanda una rama, y Nicolás Milazo, algo así como un «Joven F» -por Felipe Solá-, capitanea la otra. Cada uno tuvo su congreso que lo proclamó.
Alvarez, que tiene despacho en Ciencia y Técnica, juntó a los suyos en La Matanza. Milazo lo hizo en Córdoba. En marzo, cuando se defina la conducción de la Federación Universitaria Argentina (FUA), se verá cómo se ordena -si es que se ordena- esa competencia.
• Argumentos
A los «Jóvenes K» de Nicolás Trotta -exponentes primigenios de la transversalidad- les echan maldiciones. Que son menemistas y/o cavallistas, que «franquiciaron» su logo en las facultades, que sólo quieren «aparecer en los medios» y, sobre todo, que «no son peronistas».
Salvo Milazo, que manifiesta mantener buen diálogo con ese comando juvenil -mientras, por otro lado, cruza con Alvarez y choca territorialmente con Ferri, por su origen común en la provincia de Buenos Aires-, todos los demás gatillan sobre los albertistas.
Algunos tienen argumentos sólidos: Cascallares, por caso, de la Mesa JP y funcionario de Alicia Kirchner en Desarrollo Social, tiene razones para el enojo: los K quisieron quedarse con su oficina de la DINAJU. «Fue razonable que lo pretendían», dijo, clausurando el debate.
Los K no quieren hundirse en esa discusión. «Cuantas más expresiones juveniles haya apoyando el proyecto del Presidente Kirchner, bienvenido sea. Cuanto más jóvenes, mejor», aseguró Trotta y dijo respetar «la trayectoria y el origen» de los demás combos.
Para cerrar, Trotta -hoy funcionario en el Gobierno de la Ciudad- enfocó en ese punto: que en «los Jóvenes K» participen dirigentes de distintos partidos y sectores, dijo, está en sintonía con la construcción «movimientista, transversal» que propone Kirchner.



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