28 de abril 2008 - 00:00

Moyano llora a Lousteau (y se enfurece por Caló)

Hugo Moyano
Hugo Moyano
Sus contactos, casi diarios, con Néstor Kirchner no le bastaron a Hugo Moyano para predecir la caída, inevitable, de Martín Lousteau ni, por ahora, para frenar un avance que parece irreversible: que el metalúrgico Antonio Caló termine como su adjunto en la CGT.

Lousteau, que destrabó un conflicto que el gremio de Camioneros tenía con el Banco Provincia, se había convertido casi en el ministro predilecto de Moyano, al menos para la foto, porque el jefe de la CGT siempre mantuvo un vínculo estrecho con Julio De Vido.

Con «Martín», como llamaban familiarmente los moyanistas al ahora ex ministro, Moyano se vio casi en secreto en las horas más duras del conflicto del campo. Recurrió al economista para conocer hasta dónde llegaría la dureza del gobierno en el pulseo con los chacareros.

Con su salida, Moyano cree que perdió a un amigo en el gobierno. «Con él tenía una excelente relación; a Fernández lo conoce porque fue funcionario mucho tiempo, pero es otra cosa» dicen cerca del camionero. Quizá conocen, aunque no lo dicen, los modos hoscos del nuevo ministro.

  • Hábito

    Ha tenido, dicen en CGT, trato técnico con Fernández quien tiene como hábito comenzar todas las conversaciones con un «no». Por eso, Moyano preferirá seguir abonando las charlas con Julio De Vido y, en particular, con el ex presidente Néstor Kirchner.

    La excelente relación se explicapor la asistencia que le dio Lousteau a la Federación de Camioneros cuando presidía el BAPRO y, además, por una razón más mundana: ambos, el jefe gremial y el ahora ex ministro, son hinchas fanáticos de Independiente de Avellaneda.

    Pero más que el derrumbe, anticipado, del economista -al que el oficialismo comenzó, el fin de semana, a contaminar con versiones de que terminará pronto al lado de Mauricio Macri-a Moyano le molesta otra novedad: el hecho, casi consumado, de que Caló será su segundo.

    Este miércoles, en el polideportivo del gremio de peones de taxis, se reunirá el Comité Confederal de la CGT para ratificar la convocatoria al Congreso gremial del 8 de julio en el que Moyano será reelecto, por otros cuatro años, como máximo líder sindical.

    Hasta ahí todo al gusto exacto del paladar del camionero. Pero en los últimos días, se instaló como dato inmodificable que el metalúrgico Caló será proclamado secretario adjunto, lugar que Moyano quería para José Luis Lingieri, un leal y sobrio acompañante en las oficinas de la calle Azopardo.

    En rigor, al camionero le molestó el modo en que floreció la posible coronación de Caló: a partir de la versión, nunca desmentida, de que fue el propio Kirchner quien le pidió expresamente a Moyano que acepte como su segundo al jefe de la UOM.

    Luego de eso, en un acto en Ezeiza, el jueves pasado, el patagónico le dedicó una frase a «Hugo y a Caló», comentario que fue casi interpretado como una bendición pública de que ésa será la fórmula de conducción de la CGT a partir del 8 de julio próximo.

    Con el desembarco de Caló, Moyano siente que pierde el protagonismo total en el universo sindical: Caló tiene buen diálogo con la Casa Rosada y es, además, jefe de un gremio poderoso, quizá uno de los pocos que podría eventualmente desafiar a Camioneros.

    Esa discusión, sin embargo, no está saldada: luego de la ratificación de la convocatoria para el congreso de julio, comenzará la discusión fina sobre cómo se integrará la mesa de conducción «donde deberán tener lugar los gordos y los líberos».

    Pero, cerril, Moyano parece preocupado por un solo casillero: la secretaría adjunta que, entiende, aunque trata de resistirse, terminará siendo ocupada por Caló quizá una pieza de recambio en la futura conducción de la CGT.
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