17 de marzo 2005 - 00:00

Moyano, más cerca de Coto y lejos de CGT

Estalló en ira Hugo Moyano desde que se conoció la reunión que protagonizó con Armando Cavalieri en el sindicato de Luis Barrionuevo. Y, sobre todo, por la versión publicada por el monopolio «Clarín» de que se había abrazado con el gremialista de los empleados de Comercio, con quien mantiene una guerra campal por el encuadramiento de los empleados de logística de supermercados Coto.

La reacción de Moyano se verificó en dos planos: uno, el de la retórica, que no es la más pulida en el caso del camionero. «No sólo nos abrazamos, también nos dimos un beso de lengua», dijo, para ironizar sobre cuál fue el nivel de aproximación física con el atildado Cavalieri. Ofendido por la información acerca de un acuerdo que lo dejaría mal parado frente a sus propios seguidores, Moyano redobló sus críticas a Cavalieri diciendo que «no defiende a los trabajadores, no les da la ropa adecuada, el que se accidenta no trabaja más, etcétera».

• Procedimiento

El otro frente en el que el camionero rompió cualquier posibilidad de acuerdo fue en el del expediente que se sigue por esa disputa de jurisdicción con Comercio. Ambito Financiero consultó ayer al presidente de la Comisión Arbitral de la CGT, el secretario general del Sindicato del Gas, Oscar Mangone, quien informó: «El martes ingresó en la comisión el expediente con el reclamo que formulan los compañeros camioneros». Según Mangone, el procedimiento indica ahora que se les dé vista a las partes de la demanda para que, después, cada una haga su descargo y exponga sus argumentos. El tribunal está formado por el propio Mangone, Luis Campos (Carga y Descarga), Julio Chiantarelli (Supe), Jorge Alvarez (Aguas Gaseosas), Carlos Sueyro (Aduana), Cayo Ayala (Marina Mercante) y Jorge Samsat (Aeronavegantes).

Si bien este haz de sindicalistas tiene la apariencia, en las alturas del cuarto piso de Azopardo 802, de un comité de sabios, su comportamiento distará mucho de ser inocuo en términos políticos. Sucede que el sector de los «gordos» han tomado el caso de Cavalieri como un barómetro de la solidaridad interna que merece depositarse en Moyano. En otras palabras, dependerá de lo que fallen Mangone y los suyos que Cavalieri, Carlos West Ocampo, Oscar Lescano y el resto de los sindicalistas del antiguo mando de la CGT sigan apostando a sostener al camionero como único secretario general una vez que se disuelva el actual triunvirato.

Esta condicionalidad política (a la que hasta ahora aparecen ajenos los tribunos de Mangone) es la que enfureció a Moyano: «Es un disparate pensar que yo cambié el secretariado de la CGT por el reclamo por los trabajadores de Coto», se indignó el camionero, quien últimamente no habla sino de los antecedentes del sector logístico, que se remontan, según él, a la II Guerra Mundial. Parece Pacho O'Donnell este nuevo Moyano, casi un historiador erudito.

En rigor, la situación de Moyano peligra al frente de la central obrera por razones en alguna medida ajenas a este conflicto. Lo que comenzó como un desacuerdo de jurisdicciones con Cavalieri se complicó después con la exhibición de las cifras de subsidios que se reparten en la industria del transporte a través del sindicalista. «No lo pusimos al frente de la CGT para que nos agreda a nosotros y reparta plata con el gobierno», se quejó uno de los más caracterizados «gordos» ayer, ante este diario, después de lo cual comenzó a murmurar sobre algunas vinculaciones empresariales que Moyano tendría con grandes empresas de recolección de residuos y que estarían detrás del conflicto desatado con la municipalidad de Quilmes, que tanto afectó al intendente, Sergio «Chino» Villordo.

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