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12 de febrero 2008 - 00:00

Moyano-Papagno: el fantasma desdichado

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Como próspero burgués, Hugo Moyano cambió de beligerante a modoso. Tiene sus explicaciones crematísticas. Pero el progreso económico, a costa de los contribuyentes, supone obligaciones. Y éstas, claro, se relacionan con el poder de los Kirchner, quienes -sensatamente- le han reclamado cordura a la hora de pedir aumento salarial. No sólo a él, también a un núcleo de dirigentes que se fotografiaron con la Presidente hace un mes. Promesa a cumplir sobre una base de no demandar más de 20% de incrementos, fingir un contrato por dos años (a renovar cada 6 meses) y abrazarse en la troika (con empresarios y Estado) del inservible pacto social que siempre, inútilmente, pregona el peronismo. Cuando está en el poder, claro.

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Ahora, el jefe camionero y líder de la CGT se debate con su conciencia y los fantasmas del pasado. A la reunión con Cristina de Kirchner, como muestra de poder, llevó a la mesa a José Rodríguez, veterano jefe de los mecánicos. En complicidad con el gobierno, para la sustentabilidad de ambos, exhibían a uno de los grandes «gordos» como reservorio propio. Inclusive, hasta despreciando -los Kirchner- todos sus pruritos sobre los derechos humanos: a Rodríguez lo persigue una causa por la desaparición y muerte de delegados obreros de una fábrica de autos. Bien valía una distracción de ese tipo para contener una avalancha por salarios imposibles, motor de una creciente inflación.

Pero Rodríguez, seguramente apremiado en su geriátrico gremial, no contiene a los suyos y debe anotarse en un reclamo por 30% de aumento para el sector automotor (una actividad, además, en la cual los incrementos han sido más incesantes que en otras). Ese tope o piso, por supuesto, derrumba cualquier cálculo para lograr equilibrio o descenso en el costo de vida, pervierte en suma un plan razonable para la economía. Y destroza cualquier asociación de Moyano con el gobierno.

Ya ocurrió en otros tiempos, más desordenados y con inflación desbocada, como en el mandato de María Estela Martínez de Perón. Entonces, un importante jefe de la construcción, Rogelio Papagno, sin las prebendas que disfruta el camionero, firmó paritarias por una determinada cifra (como acepta hasta ahora hacerlo Moyano) que, en 48 horas, se transformaron en papel quemado. Hoy, el Moyano antes belicoso, empieza a advertir que no controla al resto de los sindicatos y que, en ese rubro, hay pocos dispuestos a entender que la multiplicación de los aumentos finalmente conduce a la pérdida del poder adquisitivo de los obreros por culpa de la inflación. Cuando se vuelve razonable, justamente en ese momento, Moyano empieza a sentir que el fantasma de Papagno -luego execrado- lo visita todas las noches y no lo deja dormir. Por más que sus reservas económicas parecían liberarlo de cualquier acechanza.

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