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12 de marzo 2002 - 00:00

Moyano se volvió manso, ¿busca ahora una Banelco?

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Hugo Moyano dejó sus ínfulas de líder combativo para apoyar a Duhalde

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La gran incógnita entre los amigos de Moyano es si, finalmente, le alcanzará con esta nueva moderación. Sucede que el Presidente designado no confía en él lo suficiente. En rigor, se cumple una vieja ley de la política que, en la Argentina, ya definió Bartolomé Mitre a mediados del siglo XIX: una de las primeras decisiones del que llega al poder de manera no convencional es destruir al ejército que le ayudó a promoverse, no vaya a ser que la revolución continúe, en su contra. Con este criterio, Duhalde parece comenzar a darle la espalda a Moyano, figura central del avance bonaerense sobre la Casa Rosada.

El encargado de llevar adelante esta misión disciplinaria es, precisamente, Atanasoff. El ministro exhumó una vieja agrupación de «gremios solidarios» (adjetivo que sólo gracias a las peculiaridades del sindicalismo argentino no se vuelve redundante) que él mismo presidía, en favor de Duhalde, durante la campaña de 1999. Allí se nuclean desde el «Momo» Benegas, de los peones rurales, a Luis García Ortiz, de los supervisores metalúrgicos. En su momento fue el finado Carlos «Perro» Roldán quien tejía la urdimbre de este sector duhaldista, a la que ahora pretenden agregar a dos sectores nuevos: los taxistas de Omar Viviani y las «62 Organizaciones», que además de ser un sello ya ni siquiera tiene tinta.



El destino que prevén para el camionero en la Casa Rosada es la compañía de otros «inadaptados» como Francisco «Barba» Gutiérrez -combativo minoritario de la UOM-y José Piumato, representante de los empleados judiciales. El resto pasaría a formar parte de algo que, en rigor, nunca existió en sentido pleno y que ahora expresa casi una apuesta riesgosa: el «duhaldismo sindical». Debutarán esta semana, visitando a su líder de la mano de Atanasof.

Si la configuración de la CGT revoltosa está cambiando por el calor que le ofrecen en el gobierno, los «gordos» dialoguistas están sometidos también a mutación. La novedad en este campo es que los gremios de empresas privatizadas han decidido nuclearse en una confederación o unión que los agrupe. Bajo ese techo común se unirán telefónicos, ferroviarios en todas sus ramas, petroleros, afiliados a Luz y Fuerza, Obras Sanitarias y a las empresas de gas. Estos sindicalistas percibieron rápidamente la crisis por las que atraviesan sus empresas con la devaluación: todas tienen compromisos externos en dólares, pero sus tarifas están pesificadas y, en algunos casos, «lecopizadas». Presionadas por el gobierno para que no aumenten sus precios, estas empresas -prevén los gremialistas-querrán bajar salarios o producir despidos para adecuar costos a la nueva ecuación cambiaria y al nivel de actividad, deprimido desde hace muchos meses.



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