Moyano y su hijo, también el gobierno, buscan despegarse de cargos por asesinato pago
Aun con un crimen de por medio, contaminado con una interna gremial, la alianza política entre Hugo Moyano y Néstor Kirchner parece irrompible. El asesinato del ex tesorero del gremio de Camioneros, cuya investigación parece apuntar hacia Raúl Luna, número dos de Moyano en el sindicato, no dio señales de alterar la relación entre el camionero y los Kirchner. Moyano convenció al ex presidente, y al hacerlo calmó la intriga que reinó por el caso Beroiz en la Casa Rosada, de que la causa judicial no puede rozarlo. Arguye, además, que como Luna no es de su línea, tampoco sufrirá daños políticos. Es una mirada como mínimo voluntarista que, sin embargo, los Kirchner por ahora compraron: todos los planes que involucraban a Moyano siguen en pie, intactos, como la tarde en que el matrimonio se subió a festejar el cumpleaños gremial de Moyano, quien será estrella del nuevo peronismo y, además, reelecto como jefe de la CGT.
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Hugo Moyano, en noviembre pasado, durante el velatorio de Abel Beroiz, ex tesorero del gremio de Camioneros. La investigación apunta al número dos del sindicato.
Luna, adjunto de la Federación nacional, y segundo del gremio santafesino, está apartado de ambas sedes por orden no escrita de Moyano. Sin embargo, el moyanismo mantiene un riguroso silencio sobre el tema y evita originar sobre la posible implicación de Luna.
¿Puede, eventualmente, el adjunto pronunciar palabras incendiarias contra el clan Moyano? Luna tenía un profundo conocimiento del gremio y podría desnudar eventuales irregularidades financieras.
Como si se tratara de un karma, se mencionan a centros de salud que en un proceso de expansión adquirió el Sindicato de Camioneros en los últimos años. Se trata de operaciones comerciales millonarias. El más resonante: el sanatorio Antártida.
El juez Barbero evalúa si existen evidencias sólidas para citar a Luna a declarar.
La confesión de Raúl Oscar Flores, quien admitió que ultimó a Beroiz a cambio de 20.000 pesos, contratado por un supuesto abogado de apellido Jerez, y los presuntos contactos entre Luna y Flores antes del crimen, sesgan la pesquisa en una dirección precisa. Cancela, en tanto, otra línea: la que apuntaba a una puja por el encuadramiento de los trabajadores de recolección de residuos de Rosario, afiliados a un gremio local que domina Humberto Díaz, pero a los que Camioneros pretende quitar afiliados.
Lo consiguió: en el acto del Bajo Flores dos semanas atrás en que Moyano festejó sus 20 años frente a su sindicato, junto a Cristina y Néstor Kirchner, asistieron unos 400 trabajadores del servicio de limpieza y recolección de la empresa Cliba en Rosario.
Díaz, un viejo dirigente gremial santafesino, tuvo un duro cruce con Moyano. Se le apareció por el despacho del jefe camionero con palabras ásperas y un comentario terrible: «Si me hacen daño, yo también les voy a hacer daño», aseguran que le advirtió Díaz.
La detención de Flores, que estaba prófugo y denunció que había un plan para silenciarlo, reactivó la causa. En rigor, el juez Barbero había reforzado la hipótesis de un crimen producto de una interna gremial entre Beroiz y Luna, a pocos días de ocurrido el episodio. Sin embargo, recién tres meses después, el asunto recuperó velocidad. En ese plazo, los que frecuentan a Moyano reflejan cómo cambió su actitud al respecto: a fin de año, el tema Beroiz lo abrumaba; ahora muestra que no lo afectará en términos judiciales ni políticos.
En medio, el abogado de Camioneros, Daniel Llermanos, denunció un complot para asesinar a Pablo Moyano, hijo de Hugo, y desestabilizar al jefe de la CGT.
Kirchner -que en estos casos es como decir «el gobierno»- respaldó al camionero. De diálogo frecuente, algunas versiones afirman que existió un contacto en las últimas horas entre el ex presidente y el cacique gremial para hablar sobre el tema Beroiz.
Por lo pronto, ninguno de los dos planes de Kirchner que involucran a Moyano, sufrirán cambios en el corto plazo: el camionero tendrá una butaca relevante en el PJ normalizado y la Casa Rosada avalará -y algo más- su reelección al frente de la CGT.




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