El jueves hubo tanteos de operadores judiciales de Economía, apurados por obtener un guiño de la Corte ante la presión a que sometían a su jefe en Washington los personeros del Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero la respuesta fue la misma: La única concesión que se le hizo a la ansiedad oficial fue la seguridad brindada de que no habrá pronunciamientos en contra del «corralito» como fue el caso Smith, cuando la Corte lo declaró inconstitucional.
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