Seguramente será recordado como uno de los políticos con mejor calidad para administrar fondos públicos de las últimas décadas. No sólo dentro del radicalismo, sino de cualquier partido político. En mayo de 1995, Ramón Mestre -como Carlos Menem en 1989 a presidente y por eso se admiraban-debió asumir de urgencia 6 meses antes la gobernación de una provincia de Córdoba incendiada tras el tercer mal período de Eduardo Angeloz. Administró la crisis, la reencauzó, no pidió más fondos nacionales. Emitió una Letra -el Cecor- que no tenía nada que ver con los bonos provinciales actuales, desprestigiados en su mayoría y bajo la paridad. Mestre arregló primero que los grandes supermercados de Córdoba la recibieran a 100%. Entonces, el público aceptó el Cecor. Tanto, que esa Letra o certificado llegó a ser el título con mejor interés (12% anual), en épocas de mínima inflación, de todos los títulos argentinos. La gente invertía en Cecor. Tanto que, apresuradamente, la administración Mestre los rescataba para no pagar tal interés frente a tanta demanda. Perdió la elección de diciembre de 1998, pero de ahí salió a apagar otro incendio provincial en Corrientes. Así administró, con austeridad, sin demagogia, con sentido de responsabilidad hacia los fondos públicos. Ayer falleció, tras una rápida y fulminante enfermedad, a los 65 años, cuando se volvía a presentar como candidato a gobernador el 8 de junio próximo. Una gran pérdida para Córdoba y para el país.
En la capilla ardiente, montada en el Cabildo Histórico de esta capital, se agolpó la gente para despedirlo. Por una puerta, la principal, ingresó la gente común, por otra, del costado, los dirigentes.
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