El dirigente gremial Hugo Moyano sufrió en carne propia la furia del «cacerolazo». Un centenar de personas se instalaron frente a su vivienda en la Capital Federal para responsabilizarlo de la crisis del país.
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Pero el «escrache» no terminó bien porque varios de los manifestantes fueron agredidos, primero verbalmente y luego físicamente, por seguidores del gremialista que utilizaron gas irritante y armas para dispersar a los protestantes.
El episodio ocurrió el miércoles al mediodía en la vivienda que Moyano tiene ubicada en Martín García y Montes de Oca en la Capital Federal.
Hasta ese lugar llegó un grupo de vecinos que con la consigna «Moyano y Lombardo indeseables», comenzaron a batir sus cacerolas frente a la casa del sindicalista como lo vienen realizando frente a los tribunales porteños, las entidades bancarias y también de otros dirigentes políticos.
Pero, al contrario de otras oportunidades, la protesta desencadenó una airada reacción de los «guardianes» sindicales de Moyano que utilizando armas de fuego y productos químicos intentaron amedrentar a los manifestantes. La situación generó el enfrentamiento entre ambos bandos y debió intervenir la Policía para recobrar la calma. Sin embargo, los ofuscados custodios del dirigente gremial también se lanzaron contra los efectivos policiales utilizando el denominado PEPEQ (un gas irritante) y una pistola calibre 22 -que simulaba una lapicera-y fue disparada contra el jefe de la comisaría 26ª comisario Federico Almeder.
La refriega duró varios minutos hasta que la fuerza de seguridad logró reducir a los exaltados seguidores de Moyano que fueron detenidos y puestos a disposición de la Justicia.
En el episodio también resultaron con trauma-tismo de consideración tres policías que intervinieron para restablecer la tranquilidad.
La causa fue caratulada como «atentado y resistencia a la autoridad, lesiones y disparos de arma de fuego». Todos los detenidos fueron procesados por el juzgado Nº 6 a cargo del juez Raúl Eduardo Irigoyen.
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