Nadie enseñó tanto a pensar en libertad
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Alvaro Alsogaray
Alvaro Carlos Alsogaray nació en Esperanza, Santa Fe, el 22 de junio de 1913. Se recibió de bachiller en el Nacional Mariano Moreno y luego pasó al Colegio Militar, de 1929 a 1932, cuando egresa como subteniente de infantería. Sigue sus estudios y en la Escuela Superior Técnica del Ejército se hace ingeniero militar. En la Facultad de Ingeniería de Córdoba logra el título de ingeniero mecánico aeronáutico.
Del centroderecha argentino, este capitán ingeniero del Ejército fue uno de los más admirados y odiados durante la extensa duración que tuvo su vida política, incluyendo ésas más de 5 décadas, desde el primer peronismo y la Revolución Libertadora hasta la era menemista y por el estilo mediático que lo caracterizó desde el principio.
A pesar de esto, Alsogaray pasaba la mayor parte de su último tiempo solo, con esporádicas visitas de seguidores quienes alcanzaron a escuchar, arrellenados en los sillones de su casa, sus últimos vaticinios económicos, aunque fundamentalmente se refería al pasado como forma de ejemplarizar con principios que están más allá de toda época.
De Néstor Kirchner no quiso nunca dar sentencia definitiva, ya que no entendía hacia dónde iba. Sin embargo, muchas medidas del patagónico obviamente lo inquietaban. También el discurso fuerte presidencial contra empresarios y organismos internacionales.
Es amplio el recorrido histórico del capitán ingeniero que dictó al oído de más de un presidente la receta económica a seguir.
Fue impulsor de la aeronavegación comercial en los años '40, una pasión que mantuvo hasta última hora ya que confesaba a sus familiares que le hubiera encantado volar una vez más pero no lo hacía por cuestiones de salud. La última propuesta por la cual luchó públicamente, ya sin cargo alguno, fue también referida a la aeronáutica comercial: trasladar a una aeroísla a construirse el actual Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires.
En aquellos años '50 también comenzó a apasionarse por la política al presenciar la transformación social que vivía el país con el peronismo sin gobernar. Entonces su esposa, con quien compartió 63 años de la vida, le recomendó: «Esto que me decís a mí se lo tenés que decir a la gente».
No tardó mucho en ponerloen práctica. En 1955 fue funcionario de la Revolución Libertadora, convirtiéndose en uno de los enemigos más férreos de lo que había significado Juan Domingo Perón. Al punto de que, hasta su muerte, Alsogaray fue uno de los pocos hombres públicos que pudieron jactarse de rivalizar con una personalidad tan fuerte como la del famoso general. Son muchos, en cambio, los que hablaron de la buena relación que lo unía al ex presidente, citando innumerables anécdotas difíciles de corroborar. De allí que a Alsogaray se lo considerara un ícono viviente de la historia reciente.
Ministro de Economía de Arturo Frondizi (1960) y de José María Guido (1963), el ingeniero alcanzó en esa presidencia de Frondizi definitivamente la fama que mantuvo en el resto de su vida. Sobre todo, por frases que llegaron a nutrir hasta el hartazgo los guiones televisivos de cómicos y comentaristas que no se cansaban de citarlo: «Hay que pasar el invierno», «debemos tomar medidas drásticas». Dijo con simpleza toda una teoría que hoy aún se impulsa para la Argentina: el
bienestar sólo sobreviene en los pueblos después de pasar por un tiempo de dura tarea de ajustar el Estado, embretar el gasto público, liberar la economía y los mercados para que entren las inversiones, locales o externas. En resumen: ganar tiempo sobre la impaciencia de los pueblos -esencialmente latinosde querer llegar al bienestar antes de haberlo gestionado. Los repetía en el bar El Cervatillo, ubicado en Arenales y Riobamba, a pocas cuadras de su casa, a los periodistas que reunía para comunicarles los planes de gobierno. De hecho, fue él quien inauguró la serie de políticos mediáticos.
Fue, como se dijo, embajador ante EE.UU. durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. Entonces afianzó sus postulados económicos del liberalismo que defendió a capa y espada y generó los contactos necesarios para convertirse en voz autorizada sobre cualquier negociación con ese país y con los organismos multilaterales de crédito.
En los '70 se sintió con la experiencia suficiente como para alcanzar vuelo político propio, y no ser mero consejero. Creó el partido de centroderecha Nueva Fuerza aunque ese intento no tuvo el éxito esperado. No fue nunca candidato presidencial. En esa época propuso para Nueva Fuerza a su amigo el empresario Julio Chamizo. Fue el peronismo de Héctor Cámpora el que llegó al poder.
Eso se revirtió en los '80 cuando fundó la Unión de Centro Democrático (UCeDé) con la que llegó a ocupar una banca de diputado durante cuatro períodos. El partido se convirtió en la tercera fuerza del país, y es aún, junto al PJ y la UCR, una de las tres agrupaciones políticas con representación parlamentaria menguada pero ininterrumpida desde el regreso de la democracia en 1983.
• Apoyo
No influyó -al contrario se sorprendió- por las ideas de librempresa que aplicó Carlos Menem en una década como presidente de la Nación. Lo apoyó, y su hija María Julia se incorporó al gobierno en los '90, aunque terminó acusada de malversaciones y detenida.
Pero la cercanía que tuvo Alsogaray con el ex presidente Carlos Menem cosecharía, paradójicamente, su propio mal en materia de caudal de votos. Los libreempresistas se volcaron hacia el riojano quien ya era gobierno con esas ideas, aunque las tomara por pragmatismo.
• Final activo
Durante los '90 fue consultor de Menem -quien le había ofrecido la Embajada de Estados Unidos, cargo que Alsogaray rechazó ya que quería permanecer en el país-y su partido fue perdiendo terreno en las elecciones. Además todo fundador de partido nuevo suele ser arrasado por quienes se le suman. En aquellos días, Alsogaray fue nombrado al frente de la negociación de la deuda externa.
Finalmente, el riojano se apartó de las recomendaciones del ingeniero --quien llegó a proponer un acuerdo con los acreedoresque, según sus seguidores, hubiera terminado con las obligaciones externas. Ese fue también su final activo en la política.
Luego vinieron la Alianza, Duhalde, el repudio de la deuda externa, el default y Néstor Kirchner. Se necesita más que nunca liberalismo frente a populismos de izquierda y de derecha. Pero todo esto sobrevino cuando ya envejecía su principal mentor en el país.
Innovador en su trato con los medios de comunicación Alsogaray, resta saber si alguien podrá unir a los postulados económicos del liberalismo con la capacidad de batirse, de cara a la opinión pública, con los representantes de la izquierda y con los populismos acechantes.
A Alvaro Alsogaray, si tuviera que definírselo con un concepto, podría ser éste: nadie como él en la historia nacional les enseñó tanto a los argentinos a pensar en términos de libertad.



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