No se calma la crisis radical: pelea interna los acerca más a Kirchner
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Elisa Carrió
En los pasillos de la UCR se utilizan ya dos teorías para analizar el futuro. Una sostiene que los radicales K actúan como brazo de Néstor Kirchner para intentar copar la conducción partidaria; la otra, también realista, se nutre de una conducta habitual en la política: los radicales que se acercan a Kirchner lo hacen para obtener lo máximo posible, pero sin fundirse en el fuego del peronismo.
De cualquier forma, el proceso interno en el radicalismo hoy está lanzado, y aunque las motivaciones sean distintas la disputa por el control del Comité Nacional es una realidad.
En ese juego hay cercanías, inclusive, entre dirigentes que no son aliados. Morales, aunque no lo parezca, es hoy uno de los más proclives a dialogar con Carrió. En la misma posición está el cordobés Mario Negri, aunque no comparta criterios con Morales en otros temas de la organización de la UCR.
Los senadores del bloque UCR no están de acuerdo: la mayoría rechaza cualquier posibilidad de reunirse -aunque fuera una relación partido a partido- con Carrió. Pero por otro lado, salvo Marino, ninguno está convencido de un acercamiento al gobierno. Es algo parecido a lo que sucede en el bloque de diputados.
Mientras tanto, Morales inició ayer su gira por todo el país para tantear la posición de las dirigencias provinciales. La ronda comenzó por Entre Ríos «con la intención de tomar contacto con la gente y modernizar el partido», según explicó Morales en Paraná.
La recorrida por las provinciasse debe a que «hay 3.200.000 argentinos que votaron por nosotros y que resultaron perjudicados por la defraudación que constituye el giro de 180 grados de Roberto Lavagna», dijo allí. «Vamos a hablar con la gente para decirle que acá estamos, que hay 27 diputados y 10 senadores nacionales que estamos más firmes que nunca», se envalentonó Morales.
La gira continuará en Córdoba, un distrito que se encamina a unas complicadas elecciones internas y donde Negri, que nunca apoyó abiertamente la alianza electoral con Lavagna, debe hacer un sutil equilibrio con los intendentes de su partido, que deben gestionar y por lo tanto no quieren enfrentarse al gobierno.
Ese viaje de Morales por el interior tiene, en realidad, otro objetivo. En estos tiempos de intrigas y desconfianzas, muchos dirigentes en el Comité Nacional están esperando que el presidente partidario vuelva de hablar con las provincias para tener un verdadero cuadro de situación. Entre ellos, el alfonsinismo, que sigue oscilando entre el repudio a Lavagna por el pase y una invitación a los radicales K para que formen su propia línea y peleen la conducción en una interna, una suerte de caballo de Troya que en la mesa del Comité Nacional nadie quiere aceptar.




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