Nuevo fracaso del gobierno en el Congreso

Política

El fin de año definitivamente no fue feliz para el kirchnerismo en el Congreso. Después de meses en que las Cámaras funcionaron como una máquina de sancionar leyes pedida por el gobierno sin discusión, los últimos 45 días de 2006 demostraron que la supremacía numérica ya no le garantiza todas las victorias al oficialismo. Ayer, Diputados tuvo su última sesión con otro fracaso para la Casa Rosada: a pesar de haber forzado el tratamiento del marco regulatorio de la estatal AySA, el kirchnerismo tuvo que retirarse del recinto sin poder aprobarlo. Por primera vez se quedaron sin el clásico autoaplauso que cierra cada final de período. Pero esa anécdota encierra un peligro mayor para el gobierno: cuando las Cámaras vuelvan a sesionar después del receso, el oficialismo deberá modificar su estrategia. La oposición -con o sin acuerdo entre radicales y lavagnistas- consiguió frenar en el último mes y medio al menos cuatro leyes clave para el gobierno. Hace seis meses ni se hubieran animado a organizar esas guerrillas de recinto.

El fracaso de la sesión de ayer es un ejemplo más de las victorias que la oposición reivindica en este fin de año. El gobierno había enviado el proyecto para establecer el marco regulatorio a último momento. Pasó casi sin problemas por el Senado, pero en Diputados la oposición le puso un freno desde el inicio. Hace una semana se vivió un escándalo en el recinto cuando el radicalismo se negó a votar una preferencia para sancionar esa ley, el martes el kirchnerismo consiguió emitir el dictamen, pero ayer no pudo con el quórum.

En este caso, el ataque de la oposición -y algún kirchnerista escondido- tiene nombre y apellido: Julio De Vido. Se rechaza que el marco regulatorio de AySA ponga bajo la misma mano tanto a las decisiones de inversión, como los fondos, la propia empresa y también el ente regulador -se disuelve el actual ETOSS y se crea uno nuevo-, que en realidad parece estar llamado a no tener protagonismo.

Pero mal que le pese a la oposición, esos dolores de cabeza que el gobierno sufrió en las últimas semanas en el Congreso no pueden adjudicarse exclusivamente a victorias de la oposición.

La Casa Rosada cometió el error de forzar a último momento la votación de temas complejos que brindan oportunidades también a los oficialistas que quieren demostrar descontento. Muchos de ellos pasaron tres años de obediencia debida al Ejecutivo y ahora pretenden reconocimientos que no llegan.

  • Denuncia

    Ayer, por ejemplo, el radicalismo, el ARI y los lavagnistas salieron del recinto en medio de la sesión para oponerse al marco regulatorio de AySA. Hicieron caer esa última reunión de la Cámara a pesar de los esfuerzos de Agustín Rossi .-anoche denunció que la oposición intenta paralizar el Congreso- y Patricia Fadel por conseguir el número, Pero el fracaso oficial no existiría si todos los kirchneristas se hubieran sentado en el recinto junto al otro oficialismo, el bloque Peronista Federal. Ambos garantizan ampliamente ese quórum que habían logrado en inicio, también con ayuda de los macristas del PRO, pero que más tarde perdieron.

    Es cierto que ayer hubo excusas justificadas. Entre las ausencias oficiales a la hora de votar AySA figuraron la de Miguel Bonasso -que ayer sufrió por segunda vez un freno a su proyecto contra la tala indiscriminada de bosques por pedido expreso del Consejo Federal de Medio Ambiente, es decir, los gobernadores, que no están de acuerdo con esa limitación forestal-, Carlos Kunkel, que se repone de una operación, Juliana Di Tullio y Blanca Osuna que se retiraron más temprano descompuestas o la jujeña María Carolina Moisés, que tuvo problemas con su avión hacia Buenos Aires.

    El contratiempo de ayer llegó en un día particularmente incómodo para el gobierno. No quería el kirchnerismo un fracaso público en el Congreso precisamente el día en que se recordaban los cinco años del 20 de diciembre de 2001, cuando cayó el gobierno de Fernando de la Rúa. El hecho, inclusive, no pudo pasar inadvertido porque hacia el final de la sesión el oficialismo utilizó discursos de homenaje a los muertos ese día en los incidentes para alargar el tiempo mientras se intentaba buscar diputados para llegar al quórum. Como sucede en estos casos, el discurso de Carlos Tinnirello de Encuentro Social, les aportó buena parte de ese tiempo de espera.

    En los conflictos de los últimos 45 días ni siquiera se mantuvo la regla que indica mayor seguridad para el gobierno en el Senado. En el caso más complicado de todos, la fallida emisión de $ 1.300 millones en bonos que contenían dentro un cuestionado pago de $ 598 millones a los ex integrantes del Grupo Greco por un juicio contra el Estado, el golpe para el gobierno llegó desde la oposición en el Senado. Y las implicancias para la Casa Rosada podían ser tan riesgosas que las cabezas del kirchnerismo adhirieron inmediatamente el congelamiento de todo el tema. Incluso Cristina Kirchner pidió apoyar cualquier investigación.

    A ciertas alturas el error no es justificable en actos de gobierno. Sabía el oficialismo de antemano, en otro ejemplo, que la oposición del Senado no permitiría votar a marcha forzada el acuerdo renegociado con Aeropuertos Argentina 2000 y a pesar de eso lo envió al Congreso a un fracaso seguro.

    Sabía también el kirchnerismo que ese tema caería en la Bicameral presidida por Gerardo Morales, nuevo presidente de la UCR, con perfil en ascenso y que venía de regordearse de dos victorias: haber denunciado el pago oculto a los Greco y el intento del gobierno de expropiar y pagar a José Pedraza el inmueble donde funcionó el Hospital Ferroviario, cuando se duda si ese inmueble no pertenece ya al Estado. Era seguro que Morales no dejaría pasar el acuerdo de aeropuertos para seguir su ascenso.
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