El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, se quejó ayer de que pedir represión es «no recordar la historia reciente de la Argentina». Señaló con memoria corrosiva que, de esta manera, el gobierno evita caer «en hechos tan tremendos para la sociedad argentina como fue lo ocurrido hace poco más de un año con los asesinatos de los jóvenes piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán», a manos de la Policía Bonaerense, que provocaron el adelantamiento de las elecciones presidenciales y la entrega del poder. Un implacable recordatorio de este Fernández porteño a Duhalde, en una actitud menos conciliadora con el ex presidente que el Fernández bonaerense, ministro del Interior.
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Este último y la diputada nacional electa Hilda Chiche González de Duhalde salieron ayer a tratar de enfriar la polémica surgida en torno de la manera en que el gobierno de Néstor Kirchner debería abordar el fenómeno de las protestas piqueteras. Sobre todo después de conocerse las opiniones publicadas de unos y otros.
Desde el gobierno, el bonaerense Fernández fue advertido de que una carta suya (ver nota aparte) no surtió el efecto apaciguador que se propuso originalmente, sino todo lo contrario. Chiche Duhalde -que aclaró que su postura no contempla «nunca un camino violento»-, reveló que el ministro de Interior los había visitado a ella y a su esposo, Eduardo Duhalde, en su casa en Lomas de Zamora, y que ellos le habían transmitido que «nada» de lo que se había asegurado en la prensa era « cierto». Incluidos en esto los términos suyos de un reportaje en un matutino el sábado.
De allí que el ministro del Interior se ocupó en salir a asegurar que el pensamiento de Duhalde «no choca» con la política del gobierno de no reprimir las protestas piqueteras y sostuvo que la entrevista al ex presidente publicada el sábado en un matutino «no refleja su pensamiento textual». Para entonces los lomenses ya sabían que a Kirchner no le había gustado nada lo de «manos de seda» para tratar a los activistas piqueteros.
El contrapunto entre el matrimonio Duhalde y el gobierno en torno a los procederes de la gestión encabezada por Kirchner surgió el viernes, cuando Chiche Duhalde aseguró que se había «dejado avanzar» al fenómeno de las protestas piqueteras y que, entonces, había que «volver a poner orden».
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Al día siguiente, una entrevista publicada en un matutino exhibió un reportaje con declaraciones de Duhalde en las que afirmaba que «el Estado, ante cierto tipo de delitos, tiene que poner en marcha la actitud represiva» y no rechazaba la idea de formar una brigada antipiquetes, aunque «sin mucha publicidad».
El contacto mantenido el fin de semana entre el titular de la cartera política y el ex mandatario fue confirmado por el propio Aníbal Fernández, quien, en declaraciones realizadas a la prensa, sostuvo que había conversado el domingo con Duhalde y que el ex presidente estaba «disgustado» con «algunos pasajes» de la nota, al punto que generó una polémica con el gobierno. «Cada tanto uno tiene la oportunidad de juntarse y charlar de todas las cosas juntas. Sé lo que piensa al respecto: él estaba disgustado con algunos pasajes de la nota que originó este tema porque dicen que no son sus dichos», consignó este Fernández. El ministro de esta manera, al advertir temprano los efectos de sus notas, buscó bajar el tono del contrapunto. En este sentido, al negar discrepancias entre el pensamiento del gobierno y el de Duhalde respecto del fenómeno piquetero, el ministro del Interior señaló que, «inclusive, la misma nota dice que él ha puesto una vieja expresión del ex presidente Juan Domingo Perón que decía que entre el tiempo y la sangre era preferible el tiempo, y no es otra cosa que la conclusión nuestra».
No obstante, el jefe de la cartera de Interior se permitió algunas ironías respecto de la propuesta de Duhalde, Federico Storani y hasta su tocayo Aníbal Ibarra: «¿Que haya lugares para protestar, respetando el derecho a la protesta?», fue el interrogante. Este Fernández respondió textualmente que «debe ser bárbaro, pero yo no me imagino convocando a un piquetódromo; la verdad, le soy honesto».
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