Ola de inseguridad complica primeros seis meses de Scioli

Política

Dos secuestros en menos de una semana (cuatro resonantes en seis meses, uno con final trágico) y dos crímenes en los últimos tres días en Pilar (ambos en ocasión de robos) constituyen la más inmediata estadística de la inseguridad en la provincia de Buenos Aires. ¿Otra ola de inseguridad?

El 14 de setiembre del año pasado, cuando faltaban 45 días para las elecciones presidenciales, en este diario se escribía sobre un recrudecimiento de los secuestros y crímenes, al parecer una constante de cualquier etapa preelectoral. Por entonces estaban cautivos el empresario del transporte automotor Franco Andreola y el productor agropecuario de General Villegas Francisco White. Hace nueve meses, la hipótesis electoral se reforzaba porque, por ejemplo, habían pasado dos años y medio sin noticias de un secuestro extorsivo en la Capital (el último del que se había sabido públicamente fue el del despachante de Aduana Facundo Azuray que ocurrió en febrero de 2005 con final trágico).

Hoy, que no hay elecciones programadas a la vista y cuando hace apenas seis meses que se hizo el traspaso de gobierno (del mismo signo tanto a nivel nacional como provincial), en la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli, por ejemplo, enfrentó ya cuatro secuestros resonantes desde que asumió.

La crónica policial nuevamente vuelve a cubrirse. Pilar resulta un caso emblemático, donde se aplica una receta repetida: el cambio de un jefe policial, una manera de mostrar una acción rápida desde el Estado, pero sin que cambien las condiciones que propician el auge de la criminalidad.

Respuesta al asesinato el sábado último de un empresario asaltado en su casa por dos delincuentes que quisieron robarle $ 25.000 que llevaba guardados en una riñonera. Y al homicidio el domingo de una mujer que iba con su esposo en el auto luego de sacar plata de un cajero.

El viernes pasado fue liberado el empresario Cayetano José de Pascale, de 58 años, secuestrado en Aldo Bonzi. Estuvo cautivo casi una semana y se pagó un rescate de $ 145.000. Dos días antes, un comerciante de Villa Devoto, que había sido secuestrado en Ramos Mejía por tres delincuentes, logró escapar cuando aprovechó una distracción de sus captores al ser perseguidos por la Policía.

  • Primer secuestrado

    El primer secuestro de la gestión Scioli fue el de Diego Migueles, de 21 años, que apareció asesinado de un tiro en la cabeza en El Palomar, pese a que su familia pagó el rescate. En abril, la Policía liberó a Ariel Perretta, de 24 años, que estuvo cautivo 16 días en Tigre. Y esto sólo por mencionar los casos relevantes, pero fuentes policiales aseguran que no pasa un solo día en el mes sin que se denuncien secuestros virtuales.

    Para esas cuatro familias, el recrudecimiento de la inseguridad dejó de ser sólo una percepción. Y para muchos fiscales de la provincia también, aunque no hablan públicamente del asunto. De todos modos, un testeo realizado entre ellos por este diario permitió registrar varios puntos en común en sus análisis sobre la situación de la seguridad, a saber:

  • No se detectan más delitos federales que la media de los últimos meses, por lo que se está lejos aún de la ola de secuestros de 2002/ 2003/2004.

  • Tampoco hay operativos ni grandes investigaciones contra la droga, por lo que es difícil evaluar la situación.

  • Pero hay un crecimiento importante de delitos comunes con una violencia inusitada. Llama la atención la crudeza de los ataques y preocupa la invasión de domicilios que se incrementó notablemente.

    El fenómeno no es de ahora. La situación se agravó desde hace unos meses, pero creen que la agenda de los medios de comunicación estaba focalizada en la pelea del campo y nadie la vio. Es cierto que en una semana hubo hechos muy violentos, pero la situación viene agravándose desde hace tiempo.

  • No hay una clara inactividad, un dejar pasar para ver si se soluciona con la política que lleva adelante Stornelli. «Ser fiscal federal no garantiza que se sepa sobre políticas de seguridad», dicen de él.

  • Tampoco hay estadísticas serias sobre los niveles delictuales. Algunos fiscales creen que hasta el 10 de diciembre se maquillaban los números sobre inseguridad y por eso aparece también un estallido desde que asumió Daniel Scioli, pero ahora tampoco hay datos serios.

  • Más complicada es la situación con la Policía de la provincia de Buenos Aires. Ven un claro deterioro en los agentes. A veces ni siquiera confían en los operativos que llevan adelante.

    Lo cierto es que el campo habrá hecho paro en los últimos meses, pero no hizo caer en la inactividad al delito, como tampoco dejaron de aumentar los precios. Y si desde el gobierno no se atina aún a resolver el primero de los casos, en los otros parece aún menos involucrado.

    Porque entre otras percepciones, persiste en el país la sensación de impunidad frente a la comisión de delitos, que es un importante factor para el auge de la criminalidad. También se percibe la falta de respuesta de los gobiernos para resolver los problemas que aquejan a la sociedad, no sólo la inseguridad: inflación creciente, estadísticas cuestionadas, falta de inversión suficiente, un dólar artificialmente sostenido, avalancha de subsidios desde el Estado, una sucesión política digitada y un gobierno convertido en bien ganancial, son peldaños de una misma escalera.
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